jueves, 28 de julio de 2016

Radiohead "Amnesiac" (2001)

Todos tendemos a veces a ser víctimas del fanboynismo más recalcitrante cuando tocan a nuestros grupos favoritos, otras somos muy pesados defendiendo discos que ya nadie recuerda o que tienden a estar infravalorados dentro de la trayectoria de ciertos grupos.
Quizá por culpa de la sombra que proyectan álbumes más potentes, el apoyo mediático a ciertos trabajos, de los hits más reconocidos, o, en algunas ocasiones, por recorrer un camino demasiado al margen de la trayectoria habitual. En este último campo es donde se encuentra Amnesiac (Parlophone, 2001), el quinto LP de Radiohead. Producido también por Nigel Godrich, claro.

Se suele decir de Amnesiac que es un disco demasiado experimental, ese en el que los cinco de Oxford crearon su trabajo más incómodo para el oído. Sin embargo, en absoluto se trata de un álbum tan difícil. Quizá para los que menos toleran la electrónica y la música experimental el camino se haga cuesta arriba en algunos cortes, pero la línea general va por otro lado.

Para algunos, por demasiados lados, pues la dispersión compositiva de las once canciones suele ser —junto al experimentalismo—, el mayor argumento que se utiliza para dejar que Amnesiac coja polvo en la estantería. Y todo lo que se alaba de Kid A, o la mayoría de factores, se encuentran aquí. De hecho, se tiende a compararlos cualitativamente, cuando este quinto disco está compuesto por algunos temas que salieron de las mismas sesiones de grabación que el trabajo anterior. Por eso compararlos de ese modo es un error. No se trata de una pieza indisoluble, pues cada uno de ellos posee diferentes aspectos que los hace especiales, pero están íntimamente relacionados.

En el año 2001, ya entrados en el nuevo milenio, Radiohead no habían hecho más que alargar y dar rienda suelta a la vertiente sonora iniciada en el Ok Computer. Aquél fue un genial e inesperado salto desde The Bends. Después de este, parecía que los de Oxford habían tocado techo, y entonces se sacaron de la manga Kid A, un álbum aclamado hasta la saciedad como comentamos, y que pilló por sopresa a los propios componentes del grupo cuando a Yorke le dio por darle este cariz.

¿Dónde estaban las guitarras? Tan sólo un año después culminaron su continuación, y con Amnesiac tengo la misma sensación de fascinación que me puede causar la evolución disco a disco que el grupo tuvo desde The Bends. Puede que para algunos el disco del año 2000 cierre el tridente mágico de Radiohead —a pesar del absoluto éxito de Amnesiac—

Y por esa misma razón, por esa creencia, Amnesiac se hace un disco tan importante. Cuando parece que ya lo has dado todo pocas opciones tienes, huir hacia delante para intentar superarte y seguir el sinuoso camino que ya has tomado, o abandonar.

Por su ambición compositiva y la necesidad de seguir su introspección sonora, el único camino viable para ellos era la primera opción. La que sabiamente tomaron. Las sesiones de grabación de Kid A habían dejado varias joyas que el mundo debía conocer. Y este ya no era uno de esos álbumes en los que tuvieran que preguntarse incómodamente que dónde estaban las guitarras.

Es la huida hacia delante —y aquí si es cierto que compusieron algunas de sus canciones más experimentales e incómodas para la audición—, pero también una vuelta en cierta medida a los orígenes, para rescatar los instrumentos clásicos después del empacho electrónico.

De ese regreso al mundo del (art) rock vienen algunas de sus canciones más agobiantes y sublimes que han compuesto hasta el día de hoy. A la inquietante y fantasmal ‘Idioteque‘ responden con el misticismo de ‘I Might Be Wrong‘. Un Greenwood aún pletórico de creatividad entra con un riff esquizoide mientras el ambiente generado por las máquinas electrónicas y el engranaje de bajo y batería van invadiendo y arrinconando a la tenue voz de Yorke. Una canción delirante que es más compleja de lo que puede parecer en un principio, con cantidad de detalles que pasan desapercibidos en una escucha superficial.

Todo lo fría que es la portada de su álbum anterior, en consonancia con esa invisibilidad que parece que Yorke busca, aquí contrasta con una portada intensa, paranoica, que comulga con los sonidos más experimentales que brinda Amnesiac. Un armazón sonoro que le vuelve a aprisionar cuando tan solo un año antes quería huir con ambientes más escapistas.

Un caparazón robusto que se manifiesta en la canción más avasalladora del disco, ‘Pulk/Pull Revolving Doors‘, cuya letra, por cierto, puede ser interpretada como biografías personales o colectivas del grupo. ¿Hacen los últimos versos referencia al camino experimental que el grupo había adoptado y no podía soltar? ¿Al monstruo musical que habían creado y que casi les hace separarse en 1997? Puede. O quizá no signifique nada. La lírica siempre es interpretable, y en el caso de esta tan críptica, más.

Amnesiac es también el álbum en el que sabiamente rescatan el piano, que le da el plus necesario para engrandecer canciones que quedarían cojas sin él: ahí está la ascensión de ‘Pyramid Song‘ y sus arreglos electrónicos dándole más poso, el intimismo y la declaración de intenciones de ‘You And Whose Army?‘ y el dramatismo —en lo lírico y en lo sonoro— agobiante de ‘Knives Out‘.

Tres piezas para quitarse el sombrero que se encuentran en la primera mitad del LP, el cual se abre con un corte que encajaría más bien en Kid A por tener una estructura más nítidamente electrónica. Ya no tenían que demostrarle nada a nadie y esa libertad dio sus frutos. Ya sobrevivieron a OK Computer y ahora lo habían hecho con Kid A. La capacidad de rehacerse y sorprender no se había esfumado.

Se trata por tanto de una primera mitad de álbum estupenda, y que tampoco hace sombra a la segunda, en la que encontramos precisamente a unos Radiohead que siguen por unos derroteros en los que buscar nuevos horizontes musicales.

Otra vez contaron —al igual que con Kid A— con la Orchestra of St John’s, que se puso bajo el mando de Jonny Greenwood para crear la neblina de ‘Dollars & Cents‘. Y tanto en esta pieza como en ‘Life In A Glasshouse‘, los de Oxford evocan a alguno de los trabajos más vanguardísticos de Miles Davis. Por la profundidad que proyectan las canciones, la intensidad de la percusión junto a la combinación de los diferentes instrumentos y todos esos sonidos superpuestos… Su sensibilidad para componer estaba intacta. Todo lo recluido y atenazado que Yorke parecía antes, aquí parecía liberado, desnudo


I Might Be Wrong - 4:54
Morning Bell/Amnesiac - 3:14 
Dollars and Cents - 4:52
Hunting Bears - 2:01
Like Spinning Plates - 3:57
Life In A Glasshouse - 4:34

Colin Greenwood
Jonny Greenwood
Ed O'Brien
Philip Selway
Thom Yorke

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