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domingo, 28 de agosto de 2016

Radiohead "Hail to the Thief" (2003)

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No es nada fácil ser Radiohead una vez has marcado un antes y un después en la música popular tantas veces como ellos. Firmar una triada de discos tan brillantes y queridos como los que sacaron ellos, cada uno de ellos capaz de marcar una generación y de fascinar enormemente a las posteriores, está a la altura de muy pocos. Consiguieron instalarse en la cima y no se apearon durante casi una década.
El problema es cuando bajas tu nivel a uno inferior a esa cima compositiva, que más de uno aprovecha para hablar de un bajón enorme aunque sigan estando en un nivel bastante alto. Problemas de sobredimensionar, supongo, que lo alto parece mucho más alto y los escalafones inferiores parecen hasta terrenales.

Un síndrome que ya llegó a padecer Amnesiac (Parlophone, 2001) sólo por el hecho de salir después del idolatrado Kid A (Parlophone, 2000) y no tener tanto nivel como el susodicho ha terminado un tanto infravalorado. Al fin y al cabo, hablamos de un disco que salió de las mismas sesiones que dieron a luz a su predecesor y que cuenta con canciones más que notables.

Pero si hay un disco que más sufrió por no tener un nivel casi excelso, ese fue claramente Hail to the Thief (Parlophone, 2003), el disco que muchos señalan con mucha claridad como el más flojo firmado por la banda de Abingdon durante la primera década del siglo XXI.

Receptor de muchos palos, varios inmerecidos o desmesurados, sólo para marcar distancias entre sus mejores trabajos y este mismo. Hasta la propia banda se mostró bastante crítica con su creación con el paso de los años, a pesar de que ellos mismos hablaron de las sesiones de grabación como las más cómodas e inmediatas en mucho tiempo, sobre todo comparadas con las exigentes y ultraperfeccionistas sesiones del combo Kid A/Amensiac.

Quizá por ese ambiente más relajado y espontáneo fue por el que dejaron volar tanto su creatividad que hizo de este disco el más largo que han sacado hasta la fecha (56 minutos y medio) con catorce cortes. Precisamente el extenso número de canciones fue una queja común por parte de Thom Yorke, Ed O’Brien y el productor Nigel Godrich. Yorke, para más inri, publicó años después un tracklist alternativo para el disco que excluía cuatro temas del mismo.

 Lo que sí es cierto es que el tremendo esfuerzo realizado en sus dos anteriores obras hizo mella en la forma de trabajar del grupo, que buscó en este disco unos efectos electrónicos menos rebuscados y sobreproducidos.

También quisieron encontrar un punto de perfecta comunión entre esa faceta electrónica y un rock más arquetípico como el que emplearon en los noventa, en búsqueda de esa comunión entre hombre y máquina que contrastara con su mensaje.

Quién sabe si este movimiento no fue también provocado por la recepción más crítica que tuvo Amnesiac en algunos medios, igual no tuvieron nada que ver, pero no deja de ser curioso que los primeros sonidos que se escuchan de este disco, esos primeros segundos de ‘2 + 2 = 5’, sean el sonido de una guitarra siendo enchufada.

También se ha hablado mucho de Hail to the Thief como un disco político en el aspecto lírico, pero Yorke siempre afirmó que su intención no era hacer un disco de esa índole (de hecho, se niega a reconocerlo como un disco político), pero reconoció la influencia que tuvo sobre él el ambiente de su alrededor, la guerra contra el terrorismo edificada sobre la figura de George W. Bush, y que inevitablemente quedó plasmado.

Para plasmar aún más su frustración y su ira empleó también pasajes del ‘Infierno’ recogidos en La Divina Comedia de Dante y también se inspiró en temas diversos, como el horror, la ciencia ficción y la visión cristiana sobre el bien y el mal.

No cabe duda, muchos se ensañaron con Hail to the Thief por no resultar tan rompedor en cuanto a sonido y por el nivel de sus canciones. Muchos hablaron de esta probatura de juntar los mundos de The Bends (Parlophone, 1995) y Kid A como un intento de vender agua creativamente por parte de Radiohead, interpretándolo como un paso atrás en vez de como una interesante simbiosis de ambos estilos.

Lo de las canciones ya depende de las impresiones de cada uno, pero yo desde luego digo sí a un cancionero que abre de manera tan brillante y electrizante ‘2 + 2 = 5’. Un jitazo directo, juguetón y asombroso.

Pero ya sabemos que lo mejor de Radiohead no está necesariamente en lo inmediato y lo directo, también está en lo envolvente y en lo tenso, en crear climas retorcidos como los de ‘Sit Down Stand Up’ en los que la oscuridad te va rodeando y luego toda esa tensión estalla, pero siendo dirigida, con un magnífico empleo de la electrónica en su loca recta final. ‘Sail to the Moon’ también logra sonar envolvente, pero lo hace a través de la vía más acústica y suave, conquistándonos a través de sonidos melancólicos. ‘Backdrift’ supone un cambio de registro quizá bastante brusco y quizá hasta le veo demasiada reminiscencia a otros grupos.

De hecho, le pones la voz de Trent Reznor y la veo como un tema apañado de Nine Inch Nails. Sin dejarnos tiempo para acostumbrarnos el disco ya ha vuelto a cambiar de registro, desactivando las máquinas y dando otra vez rienda suelta a las guitarras con ‘Go to Sleep’, otro muy buen tema con unos estupendos punteos en su tramo final. ‘Where I End and You Begin’, de haber salido en este último lustro, lo más probable es que hubiera tenido un vídeo con bailecito top de Yorke, así que sobran las palabras.

Mejor hablar de ‘We Suck Young Blood’, uno de esos temas que el cantante del grupo descartaría si rehiciera este disco, cosa con la que no estoy de acuerdo, consigue dejarme impactado, erizándome el vello creando un ambiente lúgubre y desesperanzador donde la voz de Thom aumenta esa intensa sensación. 

Quizá cuando suenan ‘The Gloaming’ o ‘Scatterbrain’ ya cuesta un poco más defender este disco, pero ahí está ‘There There’ para levantar un muerto, ahí está ‘I Will’ para, con tan poco, transmitir un aura de desesperación, ahí está el nervio de ‘A Punchup at a Wedding’ o ahí está ‘A Wolf at the Door’ con sus vaivenes para despedirnos.

Pero más que nada, ahí está un temazo como ‘Myxomatosis’ rebosando energía y soberbia con un magnífico empleo de la electrónica para hacer un tema puramente rockero. Y aunque no tenga ese factor sorpresa que iban destilando Radiohead disco a disco, o no poseer un desarrollo coherente de su estilo más reciente como podía pasar en Amnesiac, es muy difícil hablar de un mal disco cuando hablamos de Hail to the Thief. ¿Menos impresionante o fabuloso que otros discos sacados por la banda durante la década pasada?

Puede ser, pero eso no quita varios de sus grandes aciertos y un buen puñado de canciones estremecedoras, sólidas y contundentes. Así que antes de hablar de este disco más os vale lavaros bien la boca.


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