miércoles, 3 de agosto de 2016

Roy Horniman "Memorias de un asesino: Israel Rank"

Israel Rank aprovecha los últimos momentos en la celda en la que espera a ser colgado de la horca escribiendo sus memorias. Son el relato de los acontecimientos por los que ha sido sentenciado a muerte: se ha cargado a todos los herederos de los títulos nobiliarios de la familia Gascoyne que le precedían en la linea sucesoria.
Y, teniendo en cuenta que estaba muy abajo en el árbol genealógico, eran unos cuantos. De varias edades, desde niños de pecho hasta ancianos. Y de diferentes oficios, desde un terrateniente de la alta nobleza hasta un pastor de la iglesia, pasando por unos cuantos jóvenes crápulas sin ocupación.

No es que Israel Rank los odiara debido a que él procede de la rama venida a menos de la familia que su madre se casara con un comerciante judío no ayudó a subir en la escala social). De hecho los Gascoyne nunca lo han despreciado; es más, conforme el resto de los miembros de la familia lo va conociendo, todos le toman afecto y lo tratan con deferencia e incluso con cariño.

No, no se trata de rencor o espíritu vengativo. Lo que pasa es que Israel ha tenido claro desde que estaba en el vientre de su madre que debía demostrar su valía a cuantos le rodean. Y la mejor manera es conseguir ascender hasta lo más alto de la nobleza inglesa.

Israel Rank no se deja nada en sus memorias. Puede que sea un asesino sin muchos escrúpulos, pero hay que admitir su sinceridad y constancia. Aquí está su infancia, su formación y su orfandad juvenil, y como derrochó el patrimonio de sus padres y de sus benefactores en un tiempo récord. Como conservó siempre un savoir faire que fascinaba a cuantos le rodeaban. Y como persiguió sin descanso a su amada Sibella hasta conseguirla, y a tantas otras mujeres que se rindieron a su apostura oriental.

Y, por supuesto, está cuáles fueron los diferentes métodos que utilizó para podar el árbol genealógico de los Gascoyne: veneno principalmente, pero sin despreciar otros medios. Y las maniobras de utilización psicológica que desplegó sin mirar a quién destrozaba. Siempre conservando su bonhomía sin parangón.
En fin, de sus memorias se desprende que Israel Rank se esforzó muchísimo por mantener e incrementar su encanto y sudó muchísimo para conseguir su objetivo. En este mundo, en el que el trabajo es tan importante, hay que reconocérselo. Tanto trabajar por no querer dar golpe.

Uno de los placeres que permite el hablar de este relato escrito en 1907 es el de recordar la lectura de algunas novelas clásicas de falsas memorias británicas, deslumbrantes en su desbordante vitalidad y en su humor ácido y extravagante.

Es evidente que Memorias de un asesino homenajea al Tristam Shandy (como en éste, las memorias de Rank comienzan antes de nacer) y a Moll Flanders. Al igual que estas obras maestras, muestra ese sentido del humor de largo aliento, irónico y, en muchas ocasiones, muy negro.

Roy Horniman construye un personaje sociópata, aquejado de donjuanismo y narcisismo. Construye la historia de este petimetre como denuncia a una sociedad postvictoriana repleta de guiños antisemitas y una opresiva división de castas y sexos.

El escándalo que causó la novela en su época se debe a que Israel Rank no es un inadaptado al que se pueda denostar por su réprobas acciones, sino un encantador muchacho que ha entendido muy bien el mundo en el que se mueve. Un mundo clasista, egoísta y ruin que está a punto de desaparecer.

Horniman escribe a finales de la primera década del siglo XX. Dos guerras después todo este mundo que describe, el mismo del que también hablará Joseph Roth, por ejemplo, algunos años más tarde y desde la otra orilla, habrá quedado arrasado y nuevos paradigmas sociales basados en el poder del dinero y en la eficiencia en el trabajo consolidarán un sistema diferente con otra escala de valores y otros métodos de distinción de clase. Seguro que el que el snob Israel Rank, con sus categóricos métodos de ascenso, triunfaría también.

La novela de Horniman es una construcción deliciosa sin pretensiones, con mucho oficio, que mantiene la tensión narrativa durante todo el relato, con pequeñas sorpresas que sirven a la cínica misión del muy bien adaptado Israel Rank. Más de un siglo después la novela sigue fresca y divertida. Un gran trabajo de amargo humor inglés.

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