miércoles, 14 de septiembre de 2016

Jane's Addiction "Nothing's Shocking" (1988)

De Jane´s Addiction oiremos siempre decir que cambiaron la escena, que inventaron el Rock Alternativo, que dinamitaron las estructuras del negocio, que se anticiparon con su música y su “way of life” a todas las revoluciones culturales que arrasaron en los 90, que saltaron los goznes de las rejas entre estilos, que mandaron a la universidad a toda una generación de escribientes roquerillos que de golpe tuvieron que aprender quiénes eran Rimbaud y John Cale, cómo sabía el vino Chianti, y en qué país de Europa estaba el barrio bohemio de Montmartre.
Cualquier monográfico se detendrá en este lugar para situar a la banda angelina en un contexto concreto, en la idea que se tiene de Jane´s y su relevancia en la historia del Rock, como siempre se mencionan los bares mugrientos llenos de humo a la hora de cerrar al comenzar a hablar de Tom Waits, de la experimentación al hablar de Frank Zappa, o de la angustia de la Generación X al mencionar a Kurt Cobain.

Ahora bien ¿sabemos lo qué significa eso de que Jane´s Addiction inventaron el Rock Alternativo? ¿Quiere eso decir que son los padrinos de todas las corrientes que -y esto es un hecho- cambiaron de arriba a abajo la Industria en la década de los 90?

Tengamos en cuenta que estamos hablando de una revolución cultural que llega a nuestros días. De un ciclo que estuvo a un paso de matar al Heavy Metal, que se cargó todas las factorías de fabricación en serie de muñequitos/as diseñados para llegar a un público con cociente intelectual cero, que insertó una estocada a todos los dinosaurios del Rock y los mandó al geriátrico como ni siquiera habían hecho los punkies en el 77.

¿Creéis que a unos Yes les importó tanto que aparecieran The Clash? Tipos tan flipados como Rick Wakeman o Carl Palmer siguieron a lo suyo, en cambio, hacia 1988, todos los Phil Collins, Tina Turners, Mark Knopflers o Bryan Adams de este mundo supieron que su momento, en cuanto a desmesurada popularidad, había concluido en cuanto Perry Farrell y Red Hot Chili Peppers pisaron un escenario. Desnudos unos, ataviado como un pintor impresionista el otro, indicaron la puerta de salida del mundo del espectáculo a todos los estrellones mainstream de la década de Ronald Reagan, Rambo y las hombreras.

No había que ceñirse ningún corsé creativo, no era necesario diseñar un escenario ni un juego de luces dignos de película de Ridley Scott para cada gira, no había que pensar en reventar todas las Arenas del mundo, ni alquilar un equipo de ingenieros de la NASA para publicar un disco nuevo, como parecían requerir grupos como Def Leppard, ni recurrir a un batallón de diseñadores para que reinventaran la imagen de un grupo, como los Judas Priest de “Turbo”.

Se tendió a la sencillez, a la imaginación, al minimalismo entendido como impacto. Nada de saturación, solo calculados golpes con economía de medios: Anthony Kiedis y los suyos cruzando un famoso paso de cebra en Londres con sólo los calcetines cubriendo sus genitales, Perry Farrell utilizando sus propias esculturas caseras para las portadas de sus discos, nada de parafernalia, nada de escándalos gratuitos de Rock Star de salón.

Punzantes dardos, eso si, a una acomodada clase media, sutileza suficientemente inteligente para no llamar la atención de una Tipper Gore, presidenta del PMRC, influyente comité de censura ocupado en dar el coñazo a Blackie Lawless porque utilizaba carne cruda y sangre de pega en sus shows. Y mientras tanto el gran Perry Farrell retratándose a si mismo en una figurita de papel junto a dos amigas –personas reales- en pleno menage a trois.

Jane´s Addiction se formaron en California en 1985, y estuvieron juntos hasta 1991. Farrell, junto al guitarrista Dave Navarro, el batería Stephen Perkins y el enigmático bajista Eric Avery debutaron en el 87 con un homónimo disco en directo editado por una compañía independiente, que desde luego figura en el Top Five de la Música Alternativa. “Jane´s Addiction” es un tratado de heterodoxia interpretativa, de originalidad, de sutil brillantez.

No es metal, no es Rock & Roll, no es Blues, Funk, Jazz, Soul ni nada que se le parezca, pero transpira la esencia y la pegada de todos estos estilos. No hay más que prestar atención al impacto que desprenden temas como los iniciales “Trip Away” y “Whores”, la taquicárdica “1%”, la pureza de “My Time”, la mística de esa “I Would for You” que te mantiene en tensión aguardando una explosión que no llega, las libérrimas relecturas del “Rock ´n´Roll” de la Velvet y el “Sympathy for the Devil” de los Stones…

Perry Farrell tenía claro desde el principio que la banda tenía fecha de caducidad. Contaba con canciones como “Jane Says” o “Ted, Just Admit it” que se convertirían en leyendas, pero sabia que parte de la magia estaba en saber levantarse de la mesa una vez saciado su interés en ser una estrella.

Con tales premisas, entregaron “Nothing´s Shocking”, y todo ese encanto, esa sensación de espacio, imaginación onírica y fluidez expuestos en el debut se multiplicaron en el crisol de rock revolucionario que es este álbum que convertiría, junto al siguiente “Ritual de lo Habitual” al Rock en un lugar más raro, sorprendente y hermoso, como admitieron las publicaciones especializadas en el año 2000 al hacer balance del siglo XX.

1. Up the Beach
2. Ocean Size
3. Had a Dad
4. Ted, Just Admit it…
5. Standing in the Shower Thinking
6. Summertime Rolls
7. Mountain Song
8. Idiots Rule
9. Jane Says
10. Thank you Boys
11. Pigs in Zen

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