sábado, 1 de octubre de 2016

Philip K. Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Blade Runner"

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En un mundo devastado por la guerra, lleno de restos tecnológicos y bloques de apartamentos vacíos, Rick Deckard es un cazador mercenario, un cazarrecompensas, cuya tarea consiste en retirar de la circulación a los androides rebeldes. Sin embargo, los Nexus-6 son androides con características muy especiales, casi humanas, y no va a ser tarea fácil identificarlos.
Blade Runner (o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) es sin duda una de las mejores obras y la más leída de Philip K. Dick y uno de los puntos de referencia ineludibles de todo el cyberpunk posterior. Alucinante pesadilla tecnológica, intensa novela de aventuras, su modo de plantear la existencia de una muy fina línea que delimita lo natural de lo artificial fue también la base de uno de los grandes hitos en la historia del cine en manos de Ridley Scott

Todo un clásico de la literatura de ciencia ficción, que a su vez dio vida a una película clásica. Reseña: Afirman que el proceso de la evolución es una propiedad inherente a los seres vivos. Sin embargo, cuando John McCarthy definió el concepto de inteligencia artificial (IA) para referirse a la capacidad de razonar de un agente no vivo, contradecía este punto esencial de la teoría de selección natural. 

Este informático estadounidense planteaba la posibilidad de que las máquinas pudiesen emular el pensamiento abstracto humano a través de redes neurales artificiales, e incluso que desarrollasen un proceso análogo a la evolución de las cadenas de ADN mediante algoritmos genéticos. De esta forma, cualidades intrínsecamente somáticas adquirían una dimensión artificial y, por subsiguiente, propia e independiente. 

Este impreciso límite entre lo natural y lo artificial obsesionó a Philip K. Dick, quien la reflejó en gran parte de su bibliografía. Con todo, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? sigue siendo la obra de referencia para comprender el pensamiento de uno de los grandes precursores del ciberpunk. 

En esta novela, el autor realiza una interesante contraposición entre la decadencia del ser humano y el progresivo perfeccionamiento de las máquinas. Inspirándose en los movimientos artísticos posmodernistas, nos describe un planeta desolado por los efectos del polvo radiactivo, como consecuencia de la Gran Guerra Terminal, que ha provocado la extinción de gran parte de las especies animales y obliga a los escasos superviviente a emigrar hacia las colonias establecidas en Marte y otros planetas. 

En este aspecto cabe recalcar la ausencia de información respecto a las causas que originaron esta guerra nuclear, así como los países implicados o el armamento que emplearon. Es obvio que Philip K. Dick pretendía dar a entender que toda la especie humana tenía el mismo grado de responsabilidad en esta situación generada por el conflicto y, en consecuencia, debían asumir las consecuencias por igual. De ahí que todo el polvo radiactivo se haya extendido proporcionalmente por toda la superficie terrestre. 

El Autor Sin embargo, la visión antiutopía de la historia tiende a reflejarse en su descripción de la vida en este contexto, o más concretamente, en su emulación. A pesar del aborrecimiento contra los androides, llamados despectivamente «ladillos», se mencionan una gran cantidad de elementos en la novela que ilustran una creciente dependencia vital, como el «Órgano de Ánimos Penfield» o la «caja de empatía de Mercer». Es decir, el aislamiento social tiende a solucionarse mediante la «conexión»con otras personas a través de las máquinas. 

Por tanto, Philip K. Dick nos representa como una especie envidiosa de nuestra propia creación. En realidad, deseamos asemejarnos a ellas, pero rechazamos un deseo análogo por su parte y, con objeto de establecer una distinción entre ambas, se alude de forma constante a nuestra capacidad de «empatía». 

Curiosamente, uno de los fragmentos más significativos de la novela es el ensayo de La Flauta Mágica, cuando Deckard es consciente de la fugacidad de nuestra especie, así como nuestro legado. Este ensayo terminará, la representación también, los cantantes morirán y finalmente la última partitura de la música será destruida de un modo u otro, el nombre de Mozart se desvanecerá y el polvo habrá vencido, si no es en este planeta en otro cualquiera. Sólo podemos escapar por un rato. 

Y los andrillos pueden escapar de mí, y sobrevivir un rato más. Pero los alcanzaré o los hará otro cazador de recompensas. En cierto modo -observó-,yo soy parte del proceso de destrucción entrópica. La Rossen Association crea y yo destruyo. O al menos, eso debe parecerles a los androides.

Precisamente, el concepto de entropía está presente en toda la novela a través de numerosos detalles, como el Kippel. Este término, empleado para los objetos no deseados o inútiles que tienden a acumularse progresivamente, refleja la angustia de Deckard ante la posibilidad de que el único recuerdo que persista de nuestra especie sea, precisamente, aquello que pretendemos eliminar de nuestras vidas. Es decir, el progresivo avance de la no-vida. 

A pesar de esta interesante percepción distópica y el simbolismo inherente de gran parte de sus escenas, la narración resulta confusa debido a la pretensión del autor por emular la naturaleza onírica de sus pensamientos. Las constantes alteraciones en el ritmo e interrupciones para expresar las reflexiones de sus personajes dificultan una constancia en el relato. 

Además, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es una novela compleja por la gran cantidad de temáticas que engloba. Es decir, no existe un único argumento, sino varias temáticas que se yuxtaponen siguiendo un nexo común. 

Es posible que Philip K. Dick quisiera ilustrar esa incapacidad para discernir entre lo real y lo artificial, pero la constante alusión a nuevos conflictos sin terminar de desarrollar los anteriores transmite la sensación de encontrarse ante una novela inconclusa. 

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