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martes, 25 de octubre de 2016

Stanislaw Lem "Solaris"

Solaris es un planeta pequeño, perteneciente a un sistema con dos soles, un sol rojo y un sol azul, y cubierto casi en su totalidad por un enorme océano de una sustancia desconocida, cuyo mejor apelativo es plasma. Pero no se trata de un océano cualquiera, la sustancia de la que está formado es como un enorme ser vivo, casi se podría decir que el planeta entero es también un ser vivo y el océano su mente.
Una forma de vida alienígena que escapa totalmente a la comprensión humana al igual que sus no menos extrañas capacidades. Como ejemplo de esas milagrosas capacidades basta con decir la permanente corrección de la órbita de Solaris, necesariamente inestable al pertenecer a un sistema binario. Bien, esto es lo que sabemos al principio de la novela y es, poco más o menos, lo que acabaremos sabiendo al final.

La novela comienza con la llegada de Kris Kelvin a la Estación Solaris, suspendida en el aire a cuatrocientos metros sobre el océano, para unirse a los trabajos de investigación que allí se realizan. Pero nada más llegar ya tiene sorpresas. Se encuentra con que de los tres ocupantes de la estación uno está muerto, otro consumido por el miedo y el tercero encerrado en un laboratorio y aislado del resto de la estación, posiblemente loco.

Y en medio de ese desconcierto Kelvin se tropieza con otras personas, antes reales pero ahora recreaciones fantasmales enviadas por Solaris y extraídas de los recuerdos de los miembros de la estación, y entre ellas está su mujer muerta años atrás. Lo más extraño y lo más inquietante es que no se trata de fantasmas inmateriales, sino de auténticas personas de carne y hueso que ignoran su condición de recreaciones, sienten y piensan como sus originales y, a todos los efectos, son los originales.


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