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domingo, 13 de noviembre de 2016

Mario Vargas Llosa "Cinco esquinas"

En estas 'Cinco esquinas' Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) ha aunado algunas de sus pasiones más nucleares: está el Perú que ya contó profusamente en 'Conversación en la catedral' o en 'La ciudad y los perros', está la fuerza incontenible de un erotismo capaz de colegiar las fuerzas revolucionarias de la sociedad y que ya había aparecido cuanto menos en 'Los cuadernos de don Rigoberto', 'Elogio de la madrastra' y 'Las aventuras de la niña mala' y está una concepción de la escritura, una cuidada elaboración de sus textos en tanto crítica severa a la realidad y a uno de sus indecibles espectáculos: el mal.
Si a todo ello se le añade el mundo del periodismo, del que tanto ha participado el propio Vargas Llosa ("El periodismo ha sido central en mi vida, ha sido compañero de mi vocación literaria desde que era prácticamente un niño”, ha declarado el Nobel peruano recientemente), tendremos los elementos nucleares que configuran el telón de fondo de 'Cinco Esquinas'.

El Perú, es cierto, “se jodió” hace mucho tiempo. “Los atentados y secuestros de Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, los apagones de casi todas las noches por las voladuras de las torres eléctricas que dejaban en tinieblas a barrios enteros de la ciudad, y las explosiones con que los terroristas despertaban a medianoche y al amanecer a los limeños” fueron la guerra del fin del mundo de un país que parecía condenado a la alucinación colectiva y a la irracionalidad hasta la muerte.

Vargas Llosa echa la vista atrás para configurar un fresco narrativo coral que ni por asomo se acerca a la complejidad técnica o estilística de algunas de sus novelas más celebradas, pero que da cuenta de un Perú dominado por la mano negra de la dictadura de Alberto Fujimori y de su brazo ejecutor, Vladimiro Montesinos, transfigurado aquí en el Doctor.

Sigue Vargas Llosa confiando sus demonios a la discontinuidad y a la simultaneidad (escuchen más que lean el extraordinario capítulo XX de esta novela y sabrán qué cosa es crear un mundo de ficción imbricado por unas voces que al unísono cuentan historias y tiempos disímiles) porque lo que aquí se cuenta es una historia fragmentaria, partida en una miríada de sentidos que configuran una sola realidad.

La historia erótica está protagonizada por Chabela y Marisa, amigas y mujeres del empresario Enrique Cárdenas y del abogado Luciano, respectivamente. La narración policial es la de Rolando Garro, el director del periódico 'Destapes', que pondrá en marcha una historia sórdida y comprometedora para el honor de Cárdenas y que la reportera Julieta Leguizamón, Retaquita, llevará a su fin. La violencia y muerte le pertenecen por entero al Doctor y a sus esbirros capaces de provocar “los vómitos, la diarrea del gobierno, su muladar”.

Con una inequívoca voluntad por defender a capa y espada las tramas que sostienen un edificio novelesco donde el tiempo del relato gana al lector, Vargas Llosa nos va abriendo con una insistencia innegociable los tiempos de la historia moral de un Perú vilipendiado por la sinrazón, denunciando los dominios de la miseria y del horror de los que detentan el poder y asombrándonos otra vez por su endiablada habilidad para hacernos comulgar con ruedas de molinos.

 
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