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sábado, 3 de diciembre de 2016

Claudio Magris "El danubio"

“El Danubio”, de Claudio Magris (Ed. Anagrama) deja una sensación parecida a la de una larga caminata. Cuando ya estamos en casa, con los pies cansados y la mente llena de recuerdos, es necesario repensar lo caminado, incluso ver imágenes de lo visto. “El Danubio” es la crónica de una caminata por la orilla de un río. Y un río es mucho más que una corriente de agua que termina en el mar.
Un río es agua, sí, pero también barro, excrementos, materias orgánicas e inorgánicas, restos de civilizaciones desaparecidas, de culturas actuales, de mezclas de culturas vigentes y culturas de las que ya queda poco, o nada. Un río es el pasado y el presente. Algo que también se precipita hacia el incierto futuro, que, en su caso, es el mar. Es, probablemente, una nueva forma de volver a nacer y de no morir jamás.

Un río nace de un enigma. Los orígenes de un río, como los de las vidas humanas individuales y las vidas de los pueblos, son siempre confusos e interpretables. Un río muere en la vida, en la otra vida, que suele ser un mar con el que intercambia agua diferente, que vivifica a la primera, a la que llega ya agotada, cansada, sucia. Un río es un viaje por el tiempo, es el pasado que se presenta de nuevo y se hace presente. Un río es una espléndida metáfora de la vida y del viaje. Recuerdo la frase del dramaturgo O´Neill: no existen ni el presente ni el futuro, sino el pasado una y otra vez.

El Danubio, en particular, es un río que ha asistido a casi todo lo importante que ha ocurrido en Europa: al nacimiento de civilizaciones y a la desaparición de otras; a anexiones, a guerras, a extraordinarias crueldades. A actos ignominiosos y a actos que colocan a los hombres a la altura de los dioses.

Al nacimiento de la belleza, de las formas poéticas, de novelas, pinturas y sinfonías, pero también ha visto en sus proximidades nacer los campos de exterminio, la ignominia de las peores ideologías afanadas en la destrucción y en la muerte y nacidas, como dice Baricco, por un “exceso de alma”. Tal vez ningún otro río como el Danubio ha visto tanto en tan poco tiempo, aunque el placentero discurrir de sus aguas por algunos parajes parezca querer desmentir la rotundidad de lo contemplado y vivido.

Por eso Claudio Magris, el gran escritor italiano, nacido en Triste en 1939, hombre de enorme cultura centroeuropea, le dedica un libro hermoso, mitad crónica de un viaje, mitad libro de historia, mitad libro de pensamientos, reflexiones y filosofía. Libro difícil, pues, de definir, y, a veces, abrupto de leer.

Exige atención y lápiz, porque de lo que describe saca conclusiones, y algunas de ellas son auténticas lecciones sobre la vida y sus posibles interpretaciones. En cualquier caso, un libro que nos concierne, que nos explica quiénes somos los que nos llamamos y sentimos, a pesar de todo, o como consecuencia de todo, europeos, no solo desde los parámetros puros de la historia, de la política o de la cultura, sino desde la profundidad de una filosofía y una identidad compartida.

Herederos inevitables de nuestros propios errores, sabios en experiencias y en vida compartida desde que nació ese río magmático que todo lo sabe y todo lo comprende.



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