jueves, 23 de febrero de 2017

Jón Kalman Stefánsson " Entre cielo y tierra"

El viento golpea como un gélido látigo la cara de los paseantes, en el puerto pesquero de Reikiavik. Pero Jon Kalman Stefánsson -nacido en esta ciudad en 1963- parece acostumbrado y hasta consigue enhebrar, sin que se le congele la lengua, articuladas explicaciones sobre los balleneros, las técnicas pesqueras actuales o las sutilezas del clima local.
A Stefánsson algunos críticos anglosajones le han llamado "el García Márquez islandés" y su novela 'Entre cielo y tierra', primer volumen de una trilogía, que Salamandra ha puesto a la venta esta semana y que supone su debut en España, es bastante responsable de ello. Se trata de una historia coral, ambientada en las aldeas pesqueras de los fiordos del oeste de Islandia hace cien años.

Los chicos de la novela salen a pescar bacalao en frágiles botes de seis remos, en los que navegan durante horas hasta que alcanzan su objetivo. Curiosamente, casi nadie sabe nadar (el día en que aparece un perro en el estómago de un tiburón, alguien comenta: "Sí, eso son los riesgos de saber nadar"). El mar, asesino y fuente de vida a la vez, "entra en las conciencias y en los sueños de todos, donde se aparecen peces y compañeros ahogados que saludan con aletas en vez de manos".

Cada frase, sentimiento o experiencia de estos muchachos es aplicable al lector actual, a sus angustias amorosas, a los abusos de poder del presente y, en suma, al sentido de la vida. "Las cosas básicas en el ser humano son siempre las mismas -asevera Stefánsson-, la naturaleza humana es la misma hoy que hace cien años y quería que el lector se identificara con los sentimientos de los personajes". El mundo entero que refleja "es un mundo metáfora del nuestro, esa es una lectura válida, aunque otro lector también puede verlo como sencillamente la descripción de un mundo concreto, de una isla de naturaleza salvaje".

El autor tuvo un limitado contacto de joven con el mundo de los pescadores, al enrolarse en un barco. "Me ponía enfermo todo el tiempo, me mareaba y, como algunos de los personajes, tenía que dejarme cuidar por la tripulación. Pasaba mucho tiempo en el lavabo".

Las metáforas e imágenes plásticas de 'Entre cielo y tierra' rivalizan en belleza con el entorno natural islandés. Como esa bahía de Faxaflói, por ejemplo, "tan ancha que la vida no consigue cruzarla". O esas montañas atroces que arrojan piedras y arrasan granjas con aludes de nieve y avalanchas de barro.

Para el autor, también poeta, "si sorprendes al lector, te va a seguir seguro. Yo he intentado introducir el sonido de la poesía en la prosa, que es algo que también hacen Javier Marías, Herta Müller o José Saramago, que utilizan técnicas irracionales de escritura.

A veces escribo como un poeta, pero siempre teniendo en cuenta la historia, la trama. La música del libro es muy importante. La historia, completa, es una melodía. Se podría leer en voz alta. El lenguaje es algo increíblemente importante, no es cualquier cosa, hay que saber usarlo. Lo importante es cómo se cuenta una historia. Cuántas grandes historias han sido contadas de modo poco interesante y no nos han llegado por eso".

Frente a la salvaje naturaleza, hay cuatro cosas capaces de elevar a los personajes: el amor, los libros, Dios y el aguardiente, de tal modo que, como también sucede hoy, cada uno elegirá aquella o aquellas opciones que se adecuen más a sus personalidad o a sus posibilidades. "En aquella época teníamos miedo a morir, podía suceder cualquier día, simplemente por no llevar un abrigo a mano. La vida era algo muy frágil, y el sentido común empujaba a tener esperanza en algo más fuerte a lo que poderse asir. Así que la religión ocupó bastante ese lugar, era algo necesario, hoy tenemos muchas más posibles fuentes de sentido vital".

La acción se desarrolla en Lugar (así se llama el espacio donde todo acontece), principio y fin, centro del mundo, con sus casitas, su zapatero, su panadería... Por allí deambulan personajes jóvenes, activos y vitales, que interactúan con otros huraños, barbudos y corpulentos como trolls, "tan anchos de hombros que las mujeres no pueden abrazarlos como es debido". "El protagonista es Lugar -admite-, quizá porque hay muchas voces en la historia, muchas historias diferentes que contar. Era interesante focalizarse en todas ellas al mismo tiempo".

El poder de la palabra es otro de los temas del libro. Las palabras, como duendecillos capaces de conmover. Tiene que ver con la influencia de "El paraíso perdido", el poema épico de John Milton, en un personaje que lo lee en la traducción de Jón Porláksson al islandés, que "cambió la literatura islandesa, pues hasta entonces éramos más parroquiales, barrocos, y a partir de esta versión de Milton nos dimos cuenta de que se podían abarcar realidades profundas con una forma más simple".

"Este libro te cambiará la vida", le dicen a un chico, y, en efecto, en él halla palabras que reflejan lo que siente y que hasta entones no había sabido expresar. "Los bacalaos no necesitan palabras", dice Stefánsson, "y, sin embargo, llevan nadando por los mares ciento veinte millones de años. ¿Qué nos dice eso sobre el lenguaje?

Que no necesitamos las palabras para sobrevivir, pero sí para vivir". ¿Y cómo vive un bacalao? "Nada toda la vida con las fauces abiertas, voraz, come todo lo que encuentra y nunca se sacia, en su vida no suceden cosas muy interesantes, de modo que encontrarse un cordel con carnada en un anzuelo es una novedad fabulosa. Muerden sin dudar y luego son arrastrados, una gran fuerza los lleva arriba, hacia el cielo que se abre y entonces los acoge otro mundo, lleno de peces extraños". Hay, pues, personajes que no quieren ser bacalaos, "hombres que desean otras cosas además de pescado y los muslos de una mujer".

Es Lugar un mundo inhóspito, pero con diversos elementos de civilización, como varias ediciones de periódicos, un sistema de reparto de correo o una circulación de libros que les hace llegar, por ejemplo, las novedades de Émile Zola. "Teníamos muchos periódicos, lo que es insólito en un país como este, con tan poca densidad de población. Durante 800 años, en esta sociedad, prácticamente no cambió nada y luego todos los cambios, la sofisticación, vino de golpe".

Stefánsson da voz incluso a los fantasmas, atascados entre dos mundos, y habla también de la pérdida de los seres queridos y sus devastadores efectos en los vivos: "El infierno es tener brazos y nadie a quien abrazar".

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