14.11.19

Duke Ellington en Santa María del Mar.Barcelona 24/11/1969

El 24 de noviembre de 1969, Duke Ellington al piano, acompañado de su Big Band, la cantante Alice Babs, el vocalista Tony Watkins, el organista Wild Bill Davis y la Coral Sant Jordi interpretaron el segundo concierto sacro del maestro del jazz.
"Fue absolutamente mágico", ha afirmado hoy María Figueras, una de las cantantes de la Coral Sant Jordi que actuó aquel día y participó, desde dentro, de "la explosión de libertad" que supuso aquel concierto en el contexto del final del Franquismo.

Con "la aspiración de transmitir, aunque sólo sea un poco, aquella emoción inexplicable", el fundador de La Locomotora Negra, Ricard Gili, ha impulsado "la reconstrucción" de aquel Concierto Sacro, bajo el título "Freedom!".

Ricard Gili estuvo presente en aquel acontecimiento histórico y aquella experiencia cambió su vida y fue una de las causas del nacimiento La Locomotora Negra.

Por esa razón, será esta formación quien rendirá homenaje el próximo 15 de noviembre a Duke Ellington junto a la Coral Sant Jordi, "que lo hizo tan bien en Barcelona que fue invitada a repetir la cantanta el verano siguiente en el teatro romano de Orange", ha recordado el director del Festival Internacional de Jazz de Barcelona, Joan Anton Cararach.

"El propio Duke Ellington comenta en sus memorias que la Coral Sant Jordi fue la que mejor lo hizo en aquella gira, a pesar de su peculiar acento cantando en inglés", ha rememorado Gili.

En esta ocasión, el escenario será el Palau Sant Jordi, "porque la sonoridad es mejor que en Santa Maria del Mar", los solistas serán la soprano Núria Rial y el vocalista Erwyn Seeruton, y al frente de la Coral Sant Jordi no estará Oriol Martorell, sino Oriol Castanyer.

La revisión de Ricard Gili quiere ser "muy fiel" al concierto de hace cincuenta años y "sólo hay dos modificaciones", según el trompetista, que ha incluido un número de claqué, "como el que hubo en Orange", y un tema compuesto por La Locomotora Negra en honor a Tom Whaley, el músico que vino a Barcelona unos días antes para preparar el concierto con la Coral Sant Jordi.


"Fue todo muy sorprendente para nosotros -ha recordado la cantante Anna Farrero-. Tom Whaley empezó el primer ensayo bailando y después fue rompiendo todos los esquemas y creando una gran cohesión entre nosotros".

En un momento de la cantanta se dice la palabra "libertad" en diversos idiomas y "en Barcelona se pidió poder decirlo también en catalán", ha recordado Cararach.

"Cuando se dijo 'llibertat', un escalofrío recorrió la basílica entera", ha añadido Gili, que no duda de que "algo parecido puede volver a pasar ahora, porque el terreno está abonado".

"La Coral Sant Jordi siempre ha sido símbolo de la catalanidad, la resistencia y la reivindicación", ha subrayado el cantante Manel Artiga, "pero nosotros no vamos a provocar nada, las cosas se encienden de manera inevitable". 




Hace 50 años, el 24 de noviembre de 1969, las palabras ‘freedom’, ‘libertad’ y ‘llibertat’ resonaron entre los muros góticos de Santa Maria del Mar con toda su carga provocadora en el clímax de un concierto destinado a hacer historia, el de Duke Ellington con la Coral Sant Jordi. "La impresión fue tan fuerte que todavía hoy es difícil valorar lo que vivimos", reflexiona el entonces veinteañero Ricard Gili, asistente del concierto y en la actualidad líder de La Locomotora Negra, formación que el próximo 15 noviembre rendirá honores en el Palau a aquella noche de jazz, música sacra y canto subversivo.

Ellington, que ya había actuado tres años antes en Barcelona (en el Palau), vino en esa ocasión a interpretar su ‘Second sacred concert’, segundo de una trilogía de álbumes que fundían el ánimo trascendente y el compromiso con su tiempo a lomos de un jazz en contacto con formas clásicas y ‘lied’. El contexto del momento lo determinaba "la lucha por los derechos civiles y el asesinato, un año atrás, de Martin Luther King", destaca Gili. Y en Catalunya, una "situación política muy grave, tras los primeros asesinatos de ETA y con una reciente aplicación del estado de excepción". No muy lejos, el mayo francés. Por todo ello, "el terreno estaba abonado" para la sacudida emocional.

Una "emoción inenarrable"
Tantos años después, Ricard Gili, que creó en 1971 La Locomotora Negra inspirado en parte por la experiencia de ver a Ellington, confiesa tener "ganas de volver a explicar aquel concierto", y qué mejor que "volverlo a hacer, ahora con nuestros medios", aspirando a lo casi imposible: "A que aquella emoción inenarrable que entonces sentimos se pueda transmitir al público actual". Y así surge ‘Freedom!’, el espectáculo que, dentro del Festival Internacional de Jazz de Barcelona, recreará aquel repertorio, ahora en el escenario del Palau dado que en Santa Maria del Mar "las condiciones de sonido no son las mejores para el jazz, sobre todo en las últimas filas". El título del concierto proviene de una de las canciones más populares del repertorio, ‘It’s freedom’, en la que se repite la palabra ‘libertad’ en una docena de lenguas, a las que, por petición de la Coral Sant Jordi a Ellington, en Barcelona se sumó el catalán.

La Locomotora Negra asumirá la función que aquella noche correspondió a la ‘big band’ de Ellington, en alianza, como entonces, con la Coral Sant Jordi. Entente a la que se sumarán otras dos voces, las de la soprano Núria Rial (a cargo de las partes que en 1969 asumía la sueca Alice Babs) y del cantante Erwyn Seerutton (que suplirá a Tony Watkins). En esta ocasión, el concierto incluirá un número de claqué a cargo de Guillem Alonso y Roser Font, así como una pieza de homenaje a Tom Whaley, colaborador de Ellington que vino unos días a Barcelona para preparar a los músicos.

Bailar e improvisar
Whaley causó impacto en la Coral Sant Jordi, como recuerda Anna Farrero, que entonces era una integrante del grupo de 19 años. "Nosotros veníamos todos de la educación clásica y Tom no era un director normal: de repente se puso a bailar, y los jóvenes nos entusiasmamos con él y acabamos todos bailando", revela. "Con él cada día descubríamos algo nuevo. Hacía que todos estuviésemos en tensión, absorbiendo todo lo que nos indicaba", añade su compañero Eduard Sagarra. Uno de los aspectos de la obra que les impresionó fueron las pequeñas parcelas que abrió a la improvisación, "absolutamente mágicas", destaca otra integrante de la formación, Maria Figueras.

Con Ellington apenas compartieron unas ocho horas entre ensayos y concierto, suficientes para tomar nota de su "magnetismo" y de su serena manera de estar en el escenario. "Impasible, sin apenas moverse, limitándose a pulsar unas pocas notas al piano para dar el tono", describe el también veterano del grupo vocal Manuel Artigues. Toda la agrupación "se enamoró de Duke", y él correspondió: los veteranos le recuerdan "girándose a aplaudir al público y dándose besos con el director de la coral, Oriol Martorell".

El mejor de la gira
En el libro de memorias que Ellington publicó en 1973 (en España, la extinta editorial Global Rhtyhm lo publicó en el 2009 con el título de ‘La música es mi amante’), el autor de tótems como ‘In a sentimental mood‘ y ‘Caravan’ hizo notar con ironía el "sabor especial" de la pronunciación inglesa de la Coral y señaló sin rodeos que aquel concierto en Santa Maria del Mar fue "el mejor de todos" los de la gira. Televisión Española grabó la actuación y la emitió en diferido.

El vínculo con Ellington se prolongó con un segundo concierto conjunto que ofrecieron en el verano de 1970 en el teatro romano de Orange, en Francia. Ocasión para conocer un poco mejor a este músico que fundió sus artes con el compromiso civil y el humanismo. "Una persona muy sutil, no un demagogo ni alguien que quisiera dar pena", estima Ricard Gili, que le recuerda como alguien "suficientemente inteligente para saber que de la palabra libertad se puede hacer un mal uso para que acabe significando otra cosa".



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