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martes, 9 de agosto de 2016

Manuel Vicent "Desfile de ciervos"

'Desfile de ciervos' hace un retrato de conjunto. El retrato de España en los últimos veinte años. Usa para ello, para hilar ese relato por capas, una metáfora que viene muy a cuento: la del cuadro pintado por un famoso artista (no se cita ni una vez a Antonio López, ni falta que hace) a los miembros de la familia real, en un trabajo que llevó veinte años.
Usa también Vicent otra imagen muy poderosa: la de un Dorian Grey al revés. Así como en la obra de Wilde, el personaje no envejecía ni sus atropellos le dejaban huella alguna porque todo eso, las arrugas y los rictus, se reflejaban en el cuadro, aquí es al contrario. Los reyes (de los noventa) y sus hijos no habían envejecido ni cambiado en el óleo en esos veinte años, pero todos ellos acumulaban en sus rostros y su biografía profundas mutaciones. Casi ninguna para bien.

Y con ellos, la sociedad española. Con su estilo barroco, su manejo extraordinario de los adjetivos y una ironía que siempre aparece en algún sitio, Vicent habla de los pelotazos urbanísticos en Levante, de constructores y políticos corruptos, de prostíbulos donde bellas muchachas del Este oficiaban de sacerdotisas del placer para personas muy relevantes de todos los ámbitos, incluido el eclesiástico. Por las páginas de la novela desfilan –aunque sea en papeles muy secundarios– Ana Belén, Charo López, Penélope Cruz, Ariadna Gil, Maribel Verdú y Adriana Ugarte. Hay un presentador cuya decadencia simboliza la caída de tantos sueños y el final de tanta impostura.

'Desfile de ciervos' se lee con una sonrisa pero deja un regusto amargo: el que siempre crea saberse protagonista de un engaño, reconocer haber sido víctima de una estafa, uno más en la gran masa de quienes tuvieron que perder para que otros, los mismos de siempre, siguieran ganando.

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