14.11.18

José María Arguedas "Los ríos profundos" (1958)

En Los ríos profundos, José María Arguedas lleva a cabo una innovación de carácter fundamental en la literatura latinoamericana. Según dice Mario Vargas Llosa en un apéndice a la novela, en los relatos y narraciones de Arguedas se substituyen, por primera vez en América Latina, los indios abstractos y subjetivos creados por los modernistas e indigenistas por personas reales, objetivas, localizadas tanto histórica como socialmente. Arguedas consiguió crear un estilo que le permitió "traducir" al español el lenguaje propio del indio mediante una ruptura sistemática de la sintaxis tradicional, que cede el paso, en la construcción de la frase, a una organización de las palabras que no está de acuerdo con un orden lógico, sino con uno emocional e intuitivo
Publicada en 1958, esta novela del escritor peruano José María Arguedas tiene hondas raíces autobiográficas. Ernesto, su protagonista y narrador en primera persona, es hijo de blancos, pero sus primeros años transcurren en una comunidad india, cuyo mundo primitivo, puro, sumergido en la naturaleza y entretejido de magia, será constantemente el refugio de sus recuerdos y nostalgias.

Durante una estancia en Cuzco (el libro comienza con la descripción de esta ciudad), Ernesto toma conciencia de que en el Perú viven en continuo contacto, pero chocando constantemente y sin posibilidad de una integración real, dos pueblos con distintas concepciones del mundo y de la vida. De un lado, los blancos, y en particular la clase dominante de los grandes terratenientes; de la otra, los indios, conquistados en el pasado por la violencia. Ambos forman parte de un sistema social y económico que sólo conoce dueños y esclavos.

Los largos vagabundeos de Ernesto se interrumpen en Abancay. Es internado en un colegio dirigido por religiosos, cuyos métodos educativos están por completo al servicio del orden constituido. La brutal explotación de los indios por parte de la oligarquía latifundista es vista por los mismos como un orden agradable a Dios. Para Ernesto, el período del colegio es tormentoso; los choques continuos con sus compañeros, entre los cuales se encuentra cada vez más aislado, le llevan a los barrios de los indios de Abancay y a sus casas, donde los indígenas viven como bestias, rodeados por la oscuridad y la inmundicia.

En las "chicherías" de estos barrios, o sea en las típicas tabernas peruanas, Ernesto revive, volviendo a descubrir la vida, los objetos y las fantasías de los quechua. Un día estalla una revuelta de prostitutas. Debido al acaparamiento especulativo por parte de la administración municipal, no se encuentra sal; consiguen dar con los depósitos de la misma, que son vaciados, y las mujeres, seguidas por Ernesto, fascinado y exaltado por la acción, se dirigen a las casas de los indios para distribuirla.

Pero de inmediato los guardias a caballo les vuelven a quitar la sal y todo vuelve a entrar en el orden establecido bajo la conmovedora y consoladora bendición del padre rector. Al final, estalla la peste, seguida de una revuelta de los indios, que los fusiles de los guardias no consiguen detener. Ernesto deja el colegio y Abancay y se encamina hacia la cordillera.

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