En la mañana del 6 de octubre de 1885, un joven correctamente vestido se presentó en la oficina del comisario de policía del segundo sector del distrito de S. y declaró que su señor, el corneta de la guardia retirado Mark Ivánovich Kliauzov, había sido asesinado. El hombre que informaba de esa novedad estaba pálido y extremadamente agitado. Sus manos temblaban y sus ojos estaban llenos de terror.