Quizá el indicio más claro de un gran escritor –de un gran artista, en general– sea la creación de un mundo propio. Leemos una página suya y de inmediato sabemos que estamos entrando en ese mundo, su mundo. Es, desde luego, una forma, un estilo, pero también un contenido, o sea, una serie de ideas, términos, temas, personajes, símbolos, referencias, obsesiones… Es, naturalmente, la mezcla indisociable de ambos.
