Las partículas elementales se halla a mitad de camino entre el ensayo y la narración; por otro, pese a tratar temas de un rabioso presente, acaba adentrándose en la ciencia-ficción, puesto que sus últimas escenas transcurren en el año 2079, cuando un nuevo hombre, fruto de la tecnología, nos ha sustituido y el hombre, fruto de la historia, se encuentra en extinción. El humor sarcástico, el cruel análisis del presente y la aparente simplicidad psicológica con la que Houellebecq diseña sus personajes proponen una oposición fundamental: el vitalismo frente al cientifismo.
