La línea delgada entre la protesta y el arte ha sido una constante en el trabajo de muchos artistas y escritores que vivieron bajo el régimen del apartheid, el sistema de segregación racial que sufrió Sudáfrica hasta 1992. La protesta se convirtió entonces en un símbolo que ha explorado toda una generación, y Nadine Gordimer —la ganadora del premio Nobel de Literatura en 1991— es un ejemplo de estas voces.
