Después del éxito formidable de Blow Up (1966) y de la célebre trilogía de la incomunicación —L’avventura (1960), La notte (1961), L’eclisse (1962)—, Zabriskie Point (1970), de Michelangelo Antonioni, pasó de ser un estrepitoso fracaso en su estreno a considerarse una película de culto por mucho más que la célebre escena final con música de Pink Floyd y la formidable banda sonora.
19.11.20
Eduardo Madina "Cinco serendipias musicales y una epifanía ante la imagen de Dios"
Serendipia nº. 1: «Northern Sky», Nick Drake
La obra procede del interior de un paisaje de J. M. William Turner, de un cielo británico compuesto de colores extraños e inquietudes difusas. En el piano, la celesta y el órgano, John Cale va escoltando el recorrido de una voz que ruega que le iluminen su propio cielo del norte. La primera vez que escuché esta canción no supe expresar bien qué sentía. Me vi incapaz de traducir a palabras lo que me producía aquella voz de seda, vulnerable y a punto de romperse, que avanzaba en rozamiento constante con dolores invisibles. En aquella sensación sin lenguaje, se distinguía una luz tenue naciendo del interior de algo oscuro, como un punto cálido y acogedor en el mismo centro de un continente de hielo.


