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13.7.20

'Sostiene Pereira' el valor del periodismo y de la opinión pública en tiempos de opresión 2018

Antonio Tabucchi nació en Pisa en 1943 y murió en su Lisboa querida en 2012. Porque este novelista italiano era un enamorado de Portugal, y en especial de Lisboa. Fue profesor de literatura portuguesa y un estudioso de la obra de Fernando Pessoa. Es el autor de 'Plaza de Italia', 'Pequeños equívocos sin importancia', o 'Nocturno hindú', entre otras obras.

6.7.20

Enrique Vila-Matas "Viajar,derrumbarse del sueño" 2011 Antonio Tabucchi, relecturas

Elegancia, humor y niebla de melancolía. O sea, Tabucchi. Salgo hacia las Azores de un modo inmóvil, releyendo Dama de Porto Pim, de Antonio Tabucchi, un artefacto literario que a veces recuerdo como una especie de Moby Dick en miniatura y también como un libro que en su momento me sorprendió –hablamos de febrero de 1984- porque sus menos de cien páginas parecían componer un buen ejemplo de ‘libro de frontera’, un curioso artilugio compuesto de cuentos breves, fragmentos de memorias, diarios de traslados metafísicos, notas personales, la biografía y suicidio del poeta Antero de Quental contada al modo de una “vida imaginaria” (a lo Marcel Schwob), astillas o restos de una historia cazada al vuelo en la cubierta de un barco, crónicas costumbristas de las ballenas y los balleneros, transcripciones de viejos aventureros que pasaron por las islas, apéndices, mapas, bibliografía, abstrusos textos legales: elementos a primera vista enemistados entre sí y, sobre todo, con la literatura, transformados por una firme voluntad literaria en ficción pura.

Antonio Tabucchi "Dama de Porto Pim" 1983

Así comienza su Dama de Porto Pim:

9.3.20

Enrique Vila-Matas "Por el dolor de llamar" 2012 Antonio Tabucchi

¿Qué diablos hemos venido a hacer aquí? Creo tener una ligera idea de lo que respondería Tabucchi. Admiro en él su imaginación y también su capacidad para investigar en la realidad y terminar llegando a una realidad paralela, más profunda, esa realidad que a veces acompaña a la visible. Recuerdo que le gustaba Drummond de Andrade, que veía el misterio del más allá como si fuera sólo un viejo palacio helado. Pienso en esto,   mientras toco en el portón del tiempo perdido y veo que nadie responde. Vuelvo a tocar, y de nuevo la sensación de que golpeo en vano.

23.4.18

Enrique Vila-Matas "Impón tu suerte" (1ªedición resumida) Sant Jordi 2018

No me dedico a la no ficción, ni al realismo negro ni sucio, ni a la maldita autoficción; el espacio en el que siempre me moví es simplemente el de la ficción, sin más. La ficción es ficción, pero como tal tiene más posibilidades de acercarse a la verdad que cualquier representación de la realidad. Con esta convicción he trabajado a lo largo de los años en mi obra narrativa, no moviéndome jamás del territorio de la literatura como invención, alejado de las historias verídicas o, como se dice ahora, de las historias basadas en hechos reales y que, como diría Nabokov, son un insulto al arte y la verdad.

Enrique Vila-Matas "Exploradores del abismo" Rodrigo Fresán. Sant Jordi 2018

  

En uno de sus textos más citados, Jorge Luis Borges confiesa en la primera línea que “Al otro, a Borges, es a quien le suceden las cosas”. A mitad de camino precisa que “Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica”. Y, apenas seis o siete oraciones después, concluye: “No sé cuál de los dos escribe esta página.”

21.3.15

Enrique Vila-Matas . Antonio Tabucchi "Sostiene Pereira" 1994


"Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. Y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte."