Esta conversación podría haber pasado en cualquier rincón de Cadaqués, pero sobre todo en dos lugares: en el Marítim, sentados alrededor de un velador, a la hora del vermú: Jordi Valls bebiendo absenta, Dalí mojando el dedo en champán rosado; o bien en S'Alqueria, junto a Port Lligat, sentados sobre los guijarros que hacen de arena, tomando el sol bien vestidos.
