Cuando el autor habla de El tañido de una flauta, la primera novela, señala las bases de su poética: “al escribirla establecí de modo tácito un compromiso con la escritura. Decidí, sin saber que lo había decidido, que el instinto debía imponerse sobre cualquier otra mediación. Era el instinto quien determinaría la forma”. Y desde entonces el instinto determinó formas complejas, tejidos compactos en los que varias tramas, algunas mínimas, se ajustan con la precisión con la que lo hacen las diferentes partes de un fi no mecanismo de relojería.
