«Cuando se te pasa el entusiasmo inicial y toca decidir qué pinta tiene el bicho, te das cuenta de la que se te viene encima y no puedes pensar en otra cosa». Estas palabras de Ridley Scott, director de Alien, resumen el dilema al que tuvo que hacer frente al inicio del rodaje. A grandes rasgos, la trama de la película era recurrente en filmes de serie B, por lo que para diferenciarse de ellos deberían hacer valer la fuerza bruta, es decir, la pasta. Con un presupuesto de casi doce millones de dólares (de finales de los setenta), en principio contaban con suficiente margen de maniobra como para crear un organismo extraterrestre creíble y aterrador como no se había hecho hasta entonces.