James Joyce (1882-1941), en una carta a su editor, señalaba acerca de Dublineses (1914) que su intención era la de escribir un capítulo de la historia moral de su país y que había escogido Dublín como escenario porque esa ciudad le parecía el centro de la parálisis. Precisamente, ésa es la palabra clave para entender la atmósfera uniforme que distingue a estos relatos: en la mayoría de ellos, un personaje tiene un deseo, se enfrenta a los obstáculos que le impiden obtenerlo y, en última instancia, cede y se detiene de repente para volver al mismo estado en que se encontraba al principio. Estos momentos de parálisis muestran a los personajes la imposibilidad de cambiar sus vidas y revertir las rutinas que frenan sus deseos.
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2.7.18
1.1.15
James Joyce "Los muertos" (Dublineses) 1914
Lily, la hija del encargado, tenía los pies literalmente muertos. No había todavía acabado de hacer pasar a un invitado al cuarto de desahogo, detrás de la oficina de la planta baja, para ayudarlo a quitarse el abrigo, cuando de nuevo sonaba la quejumbrosa campana de la puerta y tenía que echar a correr por el zaguán vacío para dejar entrar a otro. Era un alivio no tener que atender también a las invitadas. Pero Miss Kate y Miss Julia habían pensado en eso y convirtieron el baño de arriba en un cuarto de señoras. Allá estaban Miss Kate y Miss Julia, riéndose y chismeando y ajetreándose una tras la otra hasta el rellano de la escalera, para mirar abajo y preguntar a Lily quién acababa de entrar.
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