Las casualidades no existen, son, como decía Sebald, conexiones ocultas que escapan a nuestras percepciones. Pero que están ahí bajo una epidermis de la realidad que algunas veces desentrañamos con sorpresa y alegría. Cuando escribí El absurdo fin de la realidad en mi cabeza había dos escritores-pilares sobre los que edifiqué el libro: Enrique Vila-Matas y Ray Bradbury. Distintos y complementarios. El primero escribe fantasías librescas ambientadas en la tierra y disfrazadas de realismo. El segundo oculta en planetas, seres extraterrestres y distopías un mundo humano y poético que anhela una libertad inalcanzable.