24.12.20

Jordi Bianciotto "No Me Judas Satanás!!!' Vol I entrevista con Cesar Martín.Selección de imágenes por Walrus Sinclair


La industria discográfica pierde poder y glamur, el rock de estadios se momifica y la prensa de papel siente sudores fríos, pero ‘Popular 1’ sigue ahí como si ninguna de esas crisis fuera con ella. La ‘rock’n’roll magazine’ (ese legendario subtítulo) conserva el espíritu adolescente que la acompaña desde su nacimiento, en 1973, rindiendo tributo cada mes al gran espectáculo del rock’n’roll a la clásica y eterna usanza, y huyendo por piernas del mercado de tendencias y del intelectualismo. Y en estas estamos cuando ve la luz un libro inaudito, ‘No me Judas, Satanás!!!’, antología de artículos de la sección del mismo título, rincón de culto de la prensa musical española, a cargo de César Martín.




Él es el hijo de los fundadores de la revista, Martin J. Louis y Bertha M. Yebra. Tenía cuatro años cuando salió el primer número, creció viendo desfilar por casa a las ‘rock stars’ y hoy es su director. Recibe a este diario en su estudio-búnker, catacumbas amplias con vistas a una realidad paralela. “Aquí ha estado posando Ronnie James Dio, haciendo cuernos”, nos pone en situación. “¡Y Slayer!”. César sigue emocionándose cuando invoca a sus ídolos. “Ya sé, debería estar de vuelta de todo, pero no se me pasa, tío. Llevo 36 años con el ‘Popu’, pero sigo siendo fan”.

Este libro representa una expresión extrema del rock’n’roll, aunque en un sentido literal, rock no hay tanto: desfilan estrellas ultramontanas del cine, ilusionistas, humoristas, actrices porno, artistas de la automutilación, marionetas...

Mi visión del rock’n’roll no es solo musical, sino de actitud ante la vida. Para mí, Houdini es rock’n’roll, y Lon Chaney, y Yukio Mishima... También hay capítulos dedicados a Grand Funk Railroad o Roy Orbison. Pero este libro lo he tenido en mente muchos años, y quería que todos estos pendejos estuviesen juntos. Errol Flynn, al lado de Aleister Crowley. Una fiesta delirante en la que estuviera Monty Clift atormentado, y al lado, Divine paseándose.

Abre con Errol Flynn, espadachín de leyenda y notable sátiro.

El hedonista supremo. Representa lo que más me gusta del rock’n’roll, porque yo disfruto de lo festivo y lo divertido, de los Stones y de Kiss, y Errol era la personificación de esto. Rock’n’roll antes del rock’n’roll. Tocaba el piano con la polla. ¿Quién es capaz de algo así?




Usted, señor César Martín, comenzó a escribir la sección ‘No me Judas, Satanás!!!’ en 1984, cuando sus padres se la confiaron siendo un adolescente.

Nació como la sección de un niñato ‘metalhead’ de 15 años que compartía sus impresiones y que escribía sobre Frank Zappa aunque no estuviera capacitado para ello. Fue un poco la prolongación de la sección de Bertha, ‘MQM’, y en los 90 comenzó a evolucionar y se convirtió en una parcela temática: un mes era sobre Ed Gein, haciéndose cinturones de pezones, y al mes siguiente, sobre Traci Lords, y luego Led Zeppelin, y Aerosmith... El nombre de la sección, por cierto, no tiene nada que ver con Judas Priest, como se dice a veces. En un principio iba a llamarse ‘Cristo, no me Judas’, y hablando con mi padre quitamos ‘Cristo’ para no tener problemas con la Iglesia.

El 'No me Judas', sumado a la sección de cartas y al ‘Apéndice’, dio una identidad definitiva a ‘Popular 1’.



Que yo sepa, no existe una revista de música que dedique ocho páginas a las cartas de los lectores. ¿Y qué pasa? Que es gente con muchas inquietudes, y al final las cartas son artículos. Te puede salir alguien hablándote de desviaciones sexuales, y un tío que te cuenta que es jugador profesional de póker en Alaska. Y, claro, ¡eso es muy interesante!

¡Qué duda cabe!

Dentro de un año publicaré el libro del ‘Correo’, y ya he empezado a seleccionar cartas. La primera es de unos mexicanos que me invitaban a México y me pagaban las putas. No me pareció una oferta muy fiable, aunque era divertida. Otra es de una feminista lesbiana con tendencias nazis, que coleccionaba ‘memorabilia’ de Hitler y Goebbels, y hasta me mandó una cruz de hierro. No soy nazi, ¿eh? Pero estos detalles ‘freaky’ los aprecias.

Hacía muchos años que sus lectores le pedían un libro. ¿Por qué ahora?

El libro surge de la pandemia, para olvidarme de este horror. Comencé a releer ‘popus’ encerrado en casa, y claro, mi casa no es normal: ahí no hay oxígeno; está llena de fetiches, vinilos, juguetes, calabazas de Halloween gigantes, esqueletos de tamaño natural, guías de Las Vegas que caducaron en 1993 y que para mí tienen mucho interés... Es un poco agobiante, pero, claro, ¿qué voy a hacer? No voy a tirar una guía de Las Vegas que caducó en 1993...

Me hago cargo.

Recibí un mail de un lector que me decía: “César, empieza a no quedar tiempo”. Y pensé que igual tenía razón: si venía el fin del mundo, debía sacar ya el puto libro.

¿Artículos reescritos, retocados...?

He adaptado alguna cosita, pero dejando el espíritu cafre de la sección, que es un engendro de cloaca. No puedes cambiar lo que escribiste. Fue un poco incómodo, porque tienes que enfrentarte a ti mismo cuando tenías 20 o 22 años. La idea es que en marzo o abril salga el segundo volumen y que ahí haya más material inédito. He escrito un artículo sobre Burt Lancaster. Es la clase de personaje que considero que se debería hablar de él cada semana en todo el mundo, y eso no sucede.




El imaginario del ‘No me  Judas’ es estadounidense. ¿España no da juego?

Ningún problema con España, ni con el Reino Unido, pero yo tiro mucho hacia Estados Unidos por gustos, y la mayoría de mis viajes ha sido ahí. Pero podría salir gente de aquí como Jesus Franco, o Berlanga, o Miguel Ríos, o Antonio Manzano, que era amigo mío.

Sus artículos tienen a veces un punto de periodismo ‘gonzo’ heredero de Lester Bangs, pero me da que usted se lanzó a la piscina en su día sin haber leído a aquellos clásicos.

Yo empecé a escribir siendo un completo iletrado. El profesor de literatura me dijo que nunca haría nada en la vida. Mi escuela fueron el ‘Popu’ y el videoclub Vergara, que era el paraíso en la tierra, con una sección de porno que ocupaba toda una pared gigantesca, y mucho material de serie B. Me pasaba el día leyendo sinopsis y cualquier detallito de las carátulas. Alquilaba seis películas diarias, porque había una cuota que lo permitía, aunque no tenía tiempo de verlas enteras. Era una esponja.

Aunque él escribiera en ‘Vibraciones’, la competencia, ¿un Oriol Llopis no le parecía simpático?

No lo leí en su día, ni lo he conocido. Parece un tipo interesante, pero nosotros comprábamos prensa extranjera: ‘Melody Maker’, ‘New Musical Express’, ‘Spin’, ‘ZigZag’... Y ‘Rolling Stone’, cuando era grande y no sacaba en portada a Justin Bieber.

Con el tiempo, pasó de empollón obsesivo de la cultura rock a lanzarse a la acción.

Después de una etapa en el que estaba encerrado en mi habitación aprendiéndome las discografías y viendo todas las películas de Bogart y Brando, me di cuenta de que tenía que salir a conocer a la gente. Que no me contasen las cosas, o leerlas en un libro. Empecé a hacer viajes solo y pude entrevistar a muchos de mis ídolos, sobre todo mujeres del ‘underground’ de los 50, 60 y 70, como Mink Stole, la musa de John Waters, o Mary Woronov, de la Factory, o Mamie Van Doren, una de las ‘sex symbols’ del rock’n’roll. O Elvira, o Ginger Lynn. Hacía viajes de veinte días con dinero para diez, y a veces no tenía hotel y acababa durmiendo en casa de la gente a la que entrevistaba. De un modo casual: eran entrevistas que duraban todo un día.

Esto no es un ‘phoner’ de 20 minutos.

Con Slymenstra, de Gwar, que es como una amazona salvaje, nos pasamos el día dando vueltas por Los Ángeles, conduciendo y bebiendo cerveza. Acabé durmiendo en su casa, donde se montó una fiesta con ‘strippers’ y con un tipo llamado Torture King, que tenía la cara llena de agujeros, porque es faquir. Ese fue un día de tu vida que no puedes mejorar. Tengo otro libro en mente de entrevistas con mujeres que son amigas de todos estos años, como Raven de la Croix, la musa de Russ Meyer, o Kitten Natividad, o Liz Renay: escritora, pintora, ‘stripper’, actriz de serie B, acabó en la cárcel por culpa de su novio, el gánster Mickey Cohen, porque si hubiera hablado no habría ido a la cárcel sino al fondo de un río. Raven es como mi madre americana, y Liz, mi abuela. Con 80 años seguía yendo a jugar a los casinos de Las Vegas, y me enseñaba a apostar y a disparar, y tenía novios jóvenes. Un modelo a seguir. Seguía siendo puro rock’n’roll. O The Cramps: los entrevisté en su casa y los pude juntar con Mamie Van Doren.

Liz Renay-Raven de la Croix


¿Estuvieron Poison Ivy y Lux Interior a la altura?

Ellos eran la pareja definitiva del rock, y pasé con ellos un día entero muy excitante. Vivían al lado del cementerio y decían que olían cómo quemaban cadáveres. Tenían cuadros del ‘serial killer’ John Wayne Gacy colgados. Nos comportamos los tres como críos: Lux iba corriendo por la casa enseñándome cosas. Tomé fotos en la cocina, en su laboratorio de fotos tridimensionales, junto a un ‘jukebox’... Tenían todos los ‘singles’ de Sun Records, y películas, todo perfectamente ordenado, entre pieles de leopardo y con esa estética serie B de los años 50.

Cuando hojea otras revistas de rock, ¿le parecen rematadamente aburridas?

No, no pienso eso. Me gustan ‘Mojo’, ‘Classic Rock’... Simplemente, ‘Popular 1’ tiene su mundo. Mi visión es la que The Cramps me enseñaron. Aprendí de ellos. Veo la revista como una cosa muy ‘underground’ y con unos lectores fanáticos. Ahora me doy cuenta con el libro, que no va a estar en ninguna librería.




Se vende solo por correo electrónico (popular1book@gmail.com).


Me gusta que no haya intermediarios. Esto es para la gente a la que le interese la historia del tío que se masturba con un Volkswagen y se le engancha la cadena y, no desvelaré el final, pero acaba mal. Es como cuando en Estados Unidos, en los años 50, la gente compraba una película de ‘bondage’ o de fetichismo: llegaba a casa un sobre sospechoso, lo abrían cuando nadie miraba... Es mi visión de este libro: algo subterráneo, oscuro... y divertido. A ver, hay trepanación, sexo con delfines, gente que se quiere cortar una pierna para sentirse satisfecha sexualmente... Y Grand Funk Railroad llenando el Shea Stadium. Es un libro con un espíritu muy ‘fanzinero’, y barato: veinte miserables euros más gastos de envío. En estos momentos se me caería la cara de vergüenza si sacara un libro a cuarenta o cincuenta euros. Yo odio esas cajas de discos de setenta euros. El rock’n’roll y la cultura en general deberían ser accesibles a todo el mundo. Compro cosas baratas, y de segunda mano: el otro día conseguí ‘El hijo del trapero’, la autobiografía de Kirk Douglas, por tres euros.




"Jamás podré ver el rock'n'roll como algo intelectual"

En el libro no hay teorías sobre la cultura de masas ni elucubraciones intelectuales sobre el futuro del rock.

Cero. No me gustan los textos pretenciosos. Esto es como si quedas con un colega y te cuenta una historia. Respeto otras opciones, pero jamás podré ver el rock’n’roll como algo intelectual, porque el rock’n’roll es Chuck Berry, es Little Richard, y esos tíos no eran intelectuales. Jerry Lee Lewis era un ‘hillbilly’ loco que disparaba a su mujer o a su bajista y se quedaba tan ancho. El rock’n’roll es follar, pelear... Siempre me ha dado un poco de grima cuando en el mundo de la crítica se le da ese aire intelectual. Si hablas de Bob Dylan o de Lou Reed, sí que hay una profundidad, lo entiendo, pero no todo es así.

Esperaba que en el libro hubiera historias salvajes sobre Guns n’Roses o Mötley Crüe, y en lugar de eso me encuentro con el caballero John Mellencamp.




Es uno de mis héroes desde siempre. Me gusta su viaje desde la nada hasta el ‘mainstream’ más gigantesco en Estados Unidos, aunque aquí nunca haya sido grande. En el segundo volumen sí que saldrán Guns n’Roses y esas bandas.

‘Popular 1’ ha fidelizado a sus lectores por esta vía excéntrica, más allá del seguimiento de la actualidad musical.

Somos como una banda, como los Ramones o The Cramps, porque tenemos este tipo de fans, que coleccionan la revista.

¿En qué estado de salud comercial se encuentra ahora la publicación?

Afortunadamente, como tenemos a todos estos fans enloquecidos, no hay un gran cambio. El cambio sí que lo notamos en la industria, evidentemente, que está destruida. La publicidad, etcétera. Como todas las revistas. Pero como tenemos una base de lectores, compensa. Tenemos muchos en Latinoamérica, de la edición digital. Y en Europa. Es la revista de rock’n’roll más antigua del continente, y la segunda del mundo, después de ‘Rolling Stone’, y es un milagro que siga en activo.

¿El rock se muere?

Eso es una tontería suprema. Lo dice gente a la que nunca ha gustado el rock. Su opinión no cuenta para nada.

Es verdad que no salen bandas que llenen estadios, unos nuevos Guns n’Roses, Metallica o AC/DC.

No, pero el rock, en el ‘underground’, siempre va a estar. En las cloacas, en el subsuelo. Horrores como el reguetón o el indie o esas mierdas nunca lo van a sustituir.

“Horrores como el reguetón o el indie”.

¡Sí, y al mismo nivel ambos! ¿El rock se muere? En el ‘mainstream’, vale, pero eso viene de la destrucción de la industria. Tiene razón Gene Simmons (Kiss) cuando dice que los fans han matado a sus propias bandas. Por la gratuidad en internet. Y ahora, ni conciertos. Hay bandas ‘underground’ maravillosas, como Royal Crown Revue, y se me parte el alma cuando veo que no pueden vivir de eso. Y The Baboon Show, y Amyl and the Sniffers... No saldrán unos nuevos Guns n’Roses, porque a ellos, antes de sacar su primer disco, les pagaron las drogas, las fiestas, la manutención, hasta que pudieron despegar. Ahora eso no existe. O lo tienen los raperos, inútiles que no saben nada musicalmente. Puff Daddy, cogiendo ‘Kashmir’ (Led Zeppelin) y soltando encima “yeah”, “aha”... Este tío, ¿qué es? ¿Un compositor, un músico? Para esos tíos sí hay dinero, pero para las bandas, no. Y claro, mucha gente ya no se dedica a eso. Probablemente, Mötley Crüe, Aerosmith o Kiss no habrían ni iniciado sus carreras si hubieran visto que no había un futuro ahí.

Gene Simmons siempre ha ido con la sinceridad por delante: de joven no quería ser músico, quería ser rico.

Evidentemente. Muchas carreras en el rock empiezan porque quieren mujeres, drogas y fama. No hay relevo para Metallica y esos grupos porque no hay una industria. Pero aún pueden aparecer bandas: Ghost, a pesar de los pesares, está creciendo, y va a más, siendo deudor del shock rock y de la fantasía de Alice Cooper, The Tubes, Kiss... Pero es una rareza.

¿Greta Van Fleet?

Tiene grandes canciones, y es chocante el parecido con Led Zeppelin, aunque no todos los temas lo son tanto. Entiendo las críticas, pero me gustan. Es curioso ver a unos tipos tan jóvenes haciendo un ‘show’ de ‘arena rock’.

Su imaginario mira mucho hacia atrás, pero no lo veo como un tipo nostálgico.

Jamás. Solo tienes una vida y tienes que vivirla día a día. Pasado y presente, para mí, son lo mismo. Puedes poner un disco de Charlie Parker y te das cuenta de que podría haber sido grabado la semana pasada. Las fechas, para mí, no tienen ningún sentido. ¿Hay algún actor hoy mejor que Monty Clift? ¿Por qué te vas a quedar solo con referencias actuales? Pero vivir del pasado, para nada.




Actualmente es el director de la revista. Con esas responsabilidades, ¿sigue viviendo de noche y durmiendo de día?

No tengo horarios y duermo a cualquier hora. Es irrelevante. Esta noche he dormido cuatro horas, y luego hora y media esta mañana. Es muy gracioso estar escribiendo a las cinco de la madrugada y ver que te entran ‘mails’ de tíos que se acaban de comprar el libro. Es la hora adecuada para comprarlo.

¿Le ha convencido el nuevo de AC/DC?

No es ‘Powerage’, ni ‘Highway to hell’, ni ‘Back in black’..., pero me gusta mucho. Y, sobre todo, diré que me han alegrado el año. Un año en que no hay nada, que vamos todos arrastrándonos con mascarillas por las calles, que no podemos viajar, y que tenemos un enemigo invisible... Y de repente, ¡sale un disco de AC/DC! Como siempre, con Angus con su traje de escolar, y encima vuelven con cuatro de la formación clásica. Y eso que me encantó la etapa con Axl Rose, que devolvió a la banda el peligro de la época con Bon Scott.





¿Un disco que nos da lo que necesitamos en un momento bajo de moral, como el de Springsteen?

Sí, ahí te reencuentras con lo que te gusta, con esa magia del rock que, a veces, parece que se pierda. El de Springsteen es un buen disco también. Un reencuentro. Esta gente saca discos ya no por dinero, sino porque tienen que publicar obra nueva para sentirse vivos. Estamos en un momento perturbador: Stevie Nicks decía hace poco que llevaba siete meses sin tocar y que si, a su edad, lo dejaba, igual ya no volvería a actuar nunca más. Y Paul McCartney ha dicho algo parecido. A lo mejor ya no volvemos a ver a Keith Richards o a Ozzy Osbourne. A diferencia de muchos críticos que a las leyendas les ven todas las pegas, yo siempre valoro volverlas a ver, porque igual es la última vez. Ver a Dylan ahora es como haber visto a Charlie Parker. Ya no podemos ir a un concierto de Bowie, ni de Lou Reed.

Se nos van los ídolos.

Echo mucho de menos a Lou Reed, y a Bowie, y a Lemmy (Motörhead), y a Tom Petty, y a Prince... Y lo de Eddie Van Halen ya ha sido el colmo. Para mí, como la muerte de Elvis. Ni siquiera lo entiendo. Ante eso, el libro ha sido una manera de tomar las riendas de mi vida y hacer algo para no deprimirme, algo que me hiciera ilusión, en lugar de quedarme compadeciéndome por no poder ir a conciertos. Gracias a este libro, estos meses han sido muy buenos, por el contacto con los lectores y por verlo publicado.




Jordi Bianciotto

02 de diciembre del 2020





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