Escribía Andrés Ibáñez que hay algo en Roberto Bolaño que produce irritación a muchos de nuestros críticos y escritores: “Uno se pone a pensar que si Bolaño no hubiera logrado dar el salto al inglés, y de allí al mundo y a la Vía Láctea, los nuestros intentarían por todos los medios acabar con él y enterrarlo. Pero ha escapado de su tumba. Es un fantasma libre”.