El efecto evocador de los olores estará vinculado para siempre a Proust. No hace falta haber leído para saber de qué hablamos cuando hablamos de su famosa magdalena. ¿Es una victoria de la literatura, de los tópicos o del infinito potencial de la memoria? En cambio no me consta que exista un referente equivalente a Proust en materia auditiva. En El último libro de Emma Olsen (Ed. Mar Maior), la escritora gallega Berta Dávila describe así la risa de un personaje: “Nunca escuché un ruido tan triste como aquel”. No es un detalle relevante de la novela, pero invita al lector a clasificar los ruidos. Es un juego inofensivo, que no requiere inversión, conexión o cargador. Fijarse en si un ruido es triste, aterrador o alegre tiene el aliciente de retrotraernos a momentos vividos y de analizar el presente con otro (iba a escribir mirada) oído.
