«¡Qué horribles escenas contemplaron nuestros ojos mientras nos abríamos paso por aquella trinchera profunda y angosta! En un lugar [...] yacían, destrozados, alrededor de ocho cazadores alpinos [...] formando un enorme montón de carne y sangre humana; [...] Nos miraban con ojos sangrantes de dolor. [...] se nos estremeció el corazón cuando tuvimos que pasar por encima de ellos con nuestras botas con clavos». Este testimonio de un teniente, Walter Ambroselli, ilustra la dura guerra de trincheras.
