Con unos pocos personajes arquetípicos, el escritor austríaco es capaz de ensamblar una historia perfecta, con un trasfondo de tragedia matizado por ese sencillo lenguaje característico de los cuentos creados para ser transmitidos de generación en generación. La protagoniza el comerciante de corales judío Nissen Piczenik, vecino, a comienzos del siglo XX, de la pequeña ciudad de Progrody en el interior de Rusia, de donde no ha salido nunca. Con su negocio atiende la demanda de todo tipo de clientes de cualquier nivel económico, que aprecian en su mercancía la calidad y autenticidad de las piezas.
