"¡No dispare, soy un escritor serio"!, le grita Nathan Zuckerman a una viejecita armada con una estampita de Jesús. Es tan serio que resulta cómico, un neurótico que se imagina que la gente cuelga su foto de portada de la revista Life en las paredes, que hace de las suyas en el PEN Club pero lee a Henry James cuando pergeña su poética narrativa y La montaña mágica cuando convalece en un hospital. Un tipo entre Peter Pan y Franz Kafka (entre el ingenuo que un día se creyó "todo lo que contaba Aristóteles sobre literatura" y el judío angustiado por su crisis de fe ¡y de creatividad literaria!), capaz de "meditar sobre el hado de sus genitales" durante horas de obsesión sexual y de cobrar un millón de dólares de 1969 cuando su agente vende a la Paramount los derechos cinematográficos de su novela Carnovsky.
