Un incierto día dejó de ser uno de tantos que escribía y se dedicó en cuerpo y alma a ser Enrique Vila-Matas. Hasta ese momento nada sucedió en su vida que no fuera previsible en un joven con los sueños confusos de llegar a ser alguien el día de mañana. A los 17 años había iniciado los estudios de Derecho, se había inscrito en el grupo de teatro de la universidad, después encaminó sus pasos en el territorio del arte.