Andaba diciéndome que hay episodios de nuestra vida que parecen dictados por una discreta ley que se nos escapa cuando a la altura del antaño café Pombo de la calle de Carretas me entró el correo del amigo Tote King, lector agudísimo (y escritor inédito, de momento): “Hoy termino La tentación del fracaso, con cierta pena de que se acabe; llevo una semana muy unido a Ribeyro, casi puedo ver su delgadez, sus ataques de acidez y sus copas de tinto”.
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11.7.19
Julio Ramón Ribeyro "Prosas apátridas" 1975
«La carta que aguardamos con más impaciencia es la que nunca llega.(...) Y no nos llega, no porque se haya extraviado o destruido, sino sencillamente porque nunca fue escrita».
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