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8.8.20

Mario Aznar "Autores satelitales: el caso del Boom latinoamericano" Ramón Ribeyro.Antonio di Benedetto

Hace tiempo que lo excéntrico, lo raro o lo marginal son considerados –como la novedad– valores en sí mismos. Hace tiempo, por tanto, que estas características conviven con su propia parodia, al haber llegado de alguna forma al límite de sus posibilidades o al no haber comprendido a tiempo que lo excéntrico está condicionado por el centro, y que este se mueve, fluctúa, se transforma.

13.3.20

Enrique Vila-Matas "No he venido a hablar de mi libro" John Ashbery 2019


Las dos únicas conversaciones que he tenido con Jean Echenoz, sentados en la terraza de un café y con tiempo por delante —una en Barcelona el siglo pasado y la otra, hace unos meses, frente al mar de Bastia—, giraron en torno a un mismo y único tema: el horror y el absurdo de las entrevistas en las que se espera que el autor de un libro explique lo que ha escrito. En ambas ocasiones, imaginamos a Kafka aclarando una y otra vez a la prensa de Praga el significado de La metamorfosis y qué clase de extraño animal era “el monstruoso bicho” al que hacía referencia en la primera línea de su relato. ¿Qué era? ¿Un chinche, un ciempiés, un escarabajo, una langosta? Y también imaginamos a un agobiado Marcel Proust, rodeado de periodistas que estarían exigiéndole que explicara científicamente por qué una magdalena sumergida en el té puede hacernos viajar al pasado.

7.11.19

Julio Ramón Ribeyro “Dichos de Luder”

Luder, escritor ficticio, álter ego del propio Julio Ramón Ribeyro, es un personaje solitario y desencantado. «A Luder lo frecuenté mucho durante los largos años que vivió en París. Ocupaba un viejo departamento en el Barrio Latino sin más compañía que su criada y, por épocas, de una que otra amiga que podía quedarse allí sólo unos días o una larga temporada. En su espaciosa biblioteca, donde pasaba la mayor parte del tiempo leyendo, escribiendo o escuchando música —tan pronto óperas de Verdi como boleros de Agustín Lara— recibía al atardecer muy irregularmente a dos o tres amigos y a los pocos jóvenes autores o estudiantes que habían leído sus raras publicaciones.

11.7.19

Enrique Vila-Matas (Julio Ramón Ribeyro)"Una dura música propia"

Andaba diciéndome que hay episodios de nuestra vida que parecen dictados por una discreta ley que se nos escapa cuando a la altura del antaño café Pombo de la calle de Carretas me entró el correo del amigo Tote King, lector agudísimo (y escritor inédito, de momento): “Hoy termino La tentación del fracaso, con cierta pena de que se acabe; llevo una semana muy unido a Ribeyro, casi puedo ver su delgadez, sus ataques de acidez y sus copas de tinto”.

Julio Ramón Ribeyro "Prosas apátridas" 1975


«La carta que aguardamos con más impaciencia es la que nunca llega.(...) Y no nos llega, no porque se haya extraviado o destruido, sino sencillamente porque nunca fue escrita».

Julio Ramón Ribeyro "La tentación del fracaso 2002.Prólogo de Vila-Matas

Primer diario parisino 29 de enero de 1954
Todo diario íntimo surge de un agudo sentimiento de culpa. Parece que en él quisiéramos depositar muchas cosas que nos atormentan y cuyo peso se aligera por el solo hecho de confiarlas a un cuaderno. Es una forma de confesión apartada del rito católico, hecha para personas incrédulas. Un coloquio humillante con ese implacable director espiritual que llevan dentro de sí todos los hombres afectos a este tipo de confidencias.Todo diario íntimo es también un prodigio de hipocresía. Habría que aprender a leer entre líneas, descubrir qué hecho concreto ha dictado tal apunte o tal reflexión. Por lo general se analiza el sentimiento pero se silencia la causa.