No fue hasta el 2013, que la alemana Margot Wölk, con 95 años, hizo público que en la segunda guerra mundial los SS la obligaron a ser una de las 15 mujeres que durante casi tres años tuvo que probar a diario la comida que luego consumía Hitler para prevenir un posible envenenamiento. Sus compañeras fueron fusiladas por los rusos y solo ella sobrevivió a la guerra, logrando huir gracias a un teniente nazi con el que tuvo una relación, aunque no se libraría de ser brutalmente violada por los soviéticos.
