Goethe disfrutó largos años del estatus de escritor excelso. De familia patricia de Fráncfort, recibía todas las tardes en su bella mansión de Frauenplan y fue un hombre al que Napoleón quiso conocer y con el que, como sabemos, se reunió. No mucho después de aquel gigante de las letras, llegó Rainer Maria Rilke, un modesto poeta sin hogar, nacido en la periferia del Imperio, un artista que nunca fue ministro como Goethe, nunca senador como Yeats.
