Tras mucho leer y analizar A sangre fría y los años de la biografía de Truman Capote que solo cobraron sentido alrededor de ese libro difícil, perfecto y pantanoso, Carrère intentaba dar forma a su propio relato de un asesinato múltiple “desde afuera”, sin recurrir a la primera persona. Pero estaba atascado y decidió abandonar el proyecto. Hasta que un día tomó una decisión cuanto menos extraña: “Escribir para mi uso personal, sin ninguna perspectiva de publicación, una especie de informe sobre lo que había representado para mí aquel caso”.
