A mediados de la década de los 80 los críticos y heavies más doctos solían citar la existencia de una banda brasileña que practicaba un “death-trash” rápido y contundente. En aquella época la presencia de la banda de los hermanos Cavalera en los medios se reducía, como digo, a comentarios esporádicos y testimoniales que buscaban el asombro de quien los oía.