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13.10.20

Pet Sounds: El maravilloso engaño de los Beach Boys

La música, o es sinestesia, o no es nada. O logra lanzar una imagen o hurgar en un recuerdo en el cerebro, o es solo sonido. Conseguirlo con la letra ya es difícil, pero con la melodía pasa al nivel de dificultad de la telepatía. Y el encanto de las canciones de los Beach Boys era ese: les oías mencionar cómo surfeaban una ola mientras, por detrás, sus inmaculados coros simulaban las exclamaciones de trepidación obligadas para mantener el equilibrio, con un sinuoso “uuuuh” de varias notas diferentes.

29.1.20

"The Beach Boys. Capítulo 8 (1965-1966). “Pet Sounds", el disco.

Brian y Marilyn, tras una de sus múltiples reconciliaciones, se habían mudado al 1448 de Laurel Way en Beverly Hills, donde habían establecido algo parecido a un hogar en forma de palacio Kitch: desde la moqueta violeta del salón a los loros mecánicos de ojos luminosos que colgaban del techo de la cocina. Marilyn (que empezó a fumar también marihuana), preparaba bollería  en cantidades industriales para que Brian, que ya por entonces había empezado a engordar, se levantara de su enorme cama de estilo victoriano y colchas con estampado de piel de leopardo. Poco quedaba de aquel joven espigado que aparecía en la portada de Surfin Safari (sólo cuatro años antes).

4.6.16

The Beach Boys "Pet Sounds" (1966)

Hablar del Pet Sounds es hablar, inequívocamente, de Brian Wilson. Su papel es esencial para entender este giro de tuerca llevado a cabo por los norteamericanos. Gran parte de las composiciones y arreglos llevan su firma pero, sobre todo, destacó por la idea que quiso darle a este nuevo trabajo.