1. Inicio la semana volcado en este dietario, a la búsqueda de alguna frase de aquellas que le quedaban tan perfectas a Jules Renard, uno de mis diaristas preferidos. Leo con pena el artículo de opinión de un colega que durante años, en vista de que no tenía la recepción crítica que esperaba, buscó y logró la ayuda de grandes nombres de la literatura para que hablaran bien de sus libros. Al leerlo, me doy cuenta de que han pasado los años y, a pesar de las frases elogiosas que le dedicaran esos grandes hombres literarios, la obra de mi colega sigue siendo mala, de baja intensidad. De nada le ha servido la protección de los grandes nombres. Ahora él mismo puede ver que le habría resultado más rentable emplear su tiempo en escribir mejor que en coleccionar frases rimbombantes de algunos figurones. Al reflexionar acerca de esto, me viene a la memoria algo que dijo Jules Renard: "Hay grandes escritores y escritores buenos. ¡Seamos de los buenos!".
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3.3.20
Enrique Vila-Matas "Fantasmas en el paseo de Gràcia" 10/2006 (Paraguas en llamas)
1La Universidad de Manchester, muy activa en los últimos tiempos, no para de presentar a la prensa estudios de todo tipo. En uno de ellos han demostrado la importancia en nuestra vida del primer perfume o colonia que entró en contacto con nuestro cuerpo, lo que algunos llaman "la fragancia original" y que por lo visto existe realmente. Es más, según parece, recuperar esa fragancia de la infancia puede ser un factor que nos ayude a estar más seguros de nosotros mismos.
17.11.18
Enrique Vila-Matas "Bartleby y compañía" (2006)
Señor Rulfo, ¿por qué lleva tantos años sin escribir nada? Es que se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias. Este libro habla de los que dejan de escribir (Rulfo, Rimbaud, Salinger...) e indaga en los motivos de cada uno para preferir no hacerlo. Todos conocemos a los bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo.
23.10.18
Enrique Vila-Matas: Sergio Pitol "Los mejores cuentos" 2006
Dice Pitol que en una casa de campo escribió sus primeros cuentos. Pasaba allí la convalecencia de una ruptura amorosa. Se proponía odiar al mundo, pero no lo conseguía. Por las mañanas escalaba una cordillera para rodearse de una aureola romántica, decadente, aun diabólica. Buscaba acantilados escabrosos y le venían a la mente los acantilados de Devon, un viaje a Inglaterra, y entre ese deseo de viajar y la contemplación de un maravilloso paisaje se adormecía en la hierba, para después llegar radiante de alegría a su casa y ponerse a leer a James, Kafka, Faulkner, Borges, Rulfo.
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