En Personas como yo, el padre del narrador se maquilla cada noche para salir a escena en un club gay de Madrid; y cada noche, travestido como mujer, cuenta la misma historia: la de su encuentro, en los baños de un barco en plena tempestad, con el hombre que se convertiría en el amor de su vida. El público que asiste a verlo conoce el relato de memoria, y es esa repetición la que los hace participar del placer que el narrador experimentó aquella vez.
