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9.6.21

Raymond Carver "miedo" (traducido por Roger Wolf)

Miedo de ver un coche de la policía pararse delante de casa.

Miedo de dormirme por la noche.

Miedo de no dormirme.

Miedo de que resurja el pasado.

Miedo de que el presente emprenda el vuelo.

Miedo al teléfono que suena en medio de la noche.

Miedo a las tormentas eléctricas.

Miedo a la mujer de la limpieza que tiene un grano en la mejilla.

Miedo a perros de los que me han dicho que no muerden.

Miedo a la ansiedad.

Miedo de tener que identificar el cadáver de un amigo.

Miedo de quedarme sin dinero.

Miedo de tener demasiado, aunque la gente no se lo crea.

Miedo a los perfiles psicológicos.

Miedo de llegar tarde y miedo de llegar el primero.

Miedo a la letra de mis hijos en un sobre.

Miedo de que mueran antes que yo, y me sienta culpable.

Miedo de tener que vivir con mi madre en su vejez, y la mía.

Miedo a la confusión.

Miedo de que este día acabe con una nota triste.

Miedo de despertarme y ver que te has ido.

Miedo de no amar y miedo de no amar lo suficiente.

Miedo de que lo que amo tenga consecuencias fatales para aquellos a los que amo.

Miedo a la muerte.

Miedo de vivir demasiado tiempo.

Miedo a la muerte.

Eso ya lo he dicho.

13.10.20

Pedro Casariego ""Poemas encadenados" (1977-1987)

“Nuestras propias palabras / nos impiden hablar. / Parecía imposible. / Nuestras propias palabras”. Citados, copiados y retocados, estos cuatro versos se han convertido en un emblema de la poesía española de los últimos años. Lo mismo que su autor, Pedro Casariego Córdoba, que nació en 1955 y se suicidó 37 años después tirándose a la vía de tren. Dos días antes -el 6 de enero de 1993- escribió su último texto, un cuento ilustrado por él mismo como regalo para su hija Julieta. Casariego, que muchas veces firmaba PeCasCor, escribió entre 1977 y 1987 -luego se dedicó a la pintura- seis poemarios “encadenados” argumentalmente y medio centenar de poemas en los que brilla particularmente su nada convencional visión del amor y de un mundo al que no se adapta.

Kirmen Uribe "El cerezo"

 Ha muerto el cerezo de casa,

el que veíamos en flor desde la ventana,

¿te acuerdas?

Tan frágil frente a ese mar inmenso.

El cerezo es un árbol delicado.

me lo decía mi tío, ya sabes,

el que nos enseñaba dónde hacían sus nidos

las golondrinas.

12.10.20

Eduardo Cirlot " 67 versos en recuerdo de Dadá"

 
El uno se arrodilla dulcemente,
el dos tiene las trenzas de papel,
el tres llena de plata los triángulos,
el cuatro no solloza,
el cinco no devora el Firmamento,
el seis no dice nada a las serpientes,
el siete se recoge en las miradas,
el ocho tiene casas y ciudades,
el nueve canta a veces con voz triste,
el diez abre sus ojos en el mar,
el once sabe música,
el doce alienta lámparas,
el trece vive sólo en los desvanes,
el catorce suplica,
el quince llama y grita,
el dieciséis escucha,
el diecisiete busca,
el dieciocho quema,
el diecinueve sube,
el veinte vuela ardiendo por el aire,

21.9.20

Enrique Vila-Matas "Borges hablando de la lluvia" 2020 Esta bruma insensata

Y si algo aún me llama la atención en todo lo ocurrido en aquellos días de octubre es que para narrar mi encuentro con el hombre que pudo ser Pynchon y transcribir sus implacables últimas palabras y así hallarle un sustituto a la financiación de Van Gogh, haya tenido que poner en pie toda una época ya concluida; una época acabada, consumada, más gastada que la tendencia a ocultarse de Gran Bros. A veces, cuando veo que he tenido que escribir sobre un tiempo ya tan caducado, me pregunto si no será que a lo mejor, como dicen algunos, a la ficción le gusta el pasado y por eso tiende a correr el riesgo de no ser ya sino cosa del pasado, que es lo que solían decir los hegelianos hablando del arte en general y Borges hablando de la lluvia.

17.9.20

T.S. Eliot "Cuatro cuartetos" 1941


 Four Quartets consta de cuatro partes que aparecieron por separado. «Burnt Norton» queda recogido en Collected Poems 1909-1935, y se publica en abril de 1936. «East Cocker » en un suplemento de un número de marzo de 1940 de New English Weekly. Y en la misma revista lo harán «The Dry Salvages» y «Little Gidding», en 1941 y 1942, respectivamente. La secuencia entera es publicada por primera vez en 1943, en la editorial norteamericana Harcourt, Brace and Co., y la versión definitiva la imprimirá Faber& Faber en 1944, recogiendo unas rectificaciones mínimas con respecto a la versión norteamericana.

26.8.20

Manuel Vilas "Los nadadores nocturnos" (El hundimiento) 2015

Voy a nadar al gimnasio, sí, prácticamente todos los días.
Bajo el agua parece que el fracaso no existe.

Miro a los otros nadadores de las otras calles de la gran piscina.

Nos miramos vagamente; las gafas de bucear impiden
ver el color de los ojos, ver los rostros torturados.

1.5.20

Juan Gómez Capuz , Poemas del amor y el recuerdo "recuerdos" (España,años setenta) 12/06/1973

In memoriam "Ninet" 28/04/2005

Recuerdos de aquel tiempo

perdido en el horizonte

recuerdo de telefilmes

recuerdo de uniformes

de aquella España que hoy

ni tan siquiera reconocemos;

de esta tierra baldía

que ayer fue espeso monte.

19.4.20

Emily Dickinson "Poemas a la muerte" 2010

No vino todo aquello de una vez --
Fue un Homicidio por etapas --
La Puñalada, y luego – el alivio de estar Vivo --
El Goce de cauterizar --

El Gato da una tregua a su Ratón,
afloja sus mandíbulas
para que la Esperanza lo torture --
después lo despedaza hasta la muerte --

Este es el premio de la Vida - a morir --
Mejor si es de una vez --
que hacerlo a medias – y luego recobrarse
para un Eclipse más consciente

20.3.20

Manuel Vilas "Resurrección" 2005 XV Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma

Resurrección es "un libro muy renovador, que se instala en los aspectos más desgarradores de la vida cotidiana; una poesía directa, escrita desde un sentimiento crítico, que nace de la provocación y que pisa un terreno entre la desesperanza y el escepticismo, pero que finalmente acaba abocado a la ternura".

Macdonald´s
Estoy en el MacDonald´s de la Plaza de España de Zaragoza,
haciendo la cola gigantesca,
con los ojos clavados en los carteles de los precios,
el dinero justo en la mano derecha,
billetes arrugados.
Estoy ahora en el piso subterráneo, arriba fue imposible.
Estoy sentado al lado de un niño negro que tiene en su mano
una patata amarilla untada de ketchup muy rojo:
Santísima bandera del otro mundo, el niño negro que resplandece,
mi hermano ciego.
El niño está solo, no bebe,
no le llega para la Cocacola, sólo patatas.
Sólo patatas, sólo patatas, esa desgracia,
esa soledad idéntica a la mía,
¿no lo entiendes?, sólo le llega para las patatas,
y está sentado, quieto,
en su trono, la negritud y el niño,
en el trono, allá, allá, en ese trono radiante.
MacDonald´s siempre está lleno.
Es el mejor restaurante de Zaragoza,
una alegría despedazada nos despedaza el corazón:
Por tres euros te llenan de cajas, de vasos de plástico, de bolsas,
de pajitas, de bandejas.
Es el mejor restaurante del mundo.
 Es un restaurante comunista.
Rumanos, negros, chilenos, polacos, cubanos, yo mismo,
aquí estamos, abajo, al lado de un muñeco,
al lado de un cartel que dice "I´m lovin´ it".
 Tengo una bota encima de un charco
de un helado de nata deshecho. Miro la nata comerse el tacón de mi bota.
Una nata blanca, despedazada.
Arde el sol sin tiempo, bulle la mano sucia.
A mi lado, una niña de veinte años le dice a un tío de diecisiete
que no le importaría hacérselo con él. Con él, con él, un eco negro.
 Y ríen y tragan patatas fritas.
Y yo trago patatas fritas.
Y dos maricas están enfrente comiéndose
 la misma hamburguesa goteante,
cada boca en un extremo, y se manchan y
 se muerden.
Y tragan patatas fritas. Y se besan. Y se tocan.
 Y se despedazan
En Londres, en París, en Buenos Aires,
en Moscú, en Tokio,
en Ciudad del Cabo, en Tucson, en Praga,
en Pekín, en Gijón,
somos millones, la tarde harapienta,
el dolor en el cerebro, la comida,
millones en miles de subterráneos esparcidos
por la gran tierra de los hombres.
Estoy en paz aquí con todo: barata la carne, barata la vida,
 baratas las patatas.
Me siento Lenin. Soy Lenin, el marica inusitado,
el gran hereje, el loco supremo,
el hijo de la última mano miserable que tocó
el monstruoso corazón del cielo.
Si Lenin volviera, MacDonald´s sería el sitio,
el palacio sin luna,
el gueto de las reuniones clandestinas.
Algo importante está sucediendo
en este subterráneo del MacDonald´s
de la Plaza de España de Zaragoza,
 pero no sé qué es.
 No lo sé.
De un momento a otro, vamos a arañar la felicidad:
el niño negro, los novios, el muñeco, la nata del suelo, mis botas.
Botas nuevas, de piel brillante, con la punta afilada en señal de muerte.
 En MacDonald´s, allí, allí estamos.
Carne abundante por tres euros. 

19.3.20

Joan Salvat-Papasseit" Tot l'enyor de demà


Ara que estic al llit
malalt,
estic força content.
Demà m’aixecaré potser,
i heus aquí el que m’espera:

Unes places lluentes de claror,
i unes tanques amb flors
sota el sol,
sota la lluna al vespre;
i la noia que porta la llet
que té un capet lleuger
i duu un davantalet
amb unes vores fetes de puntes de coixí,
i una rialla fresca.

I encara aquell vailet que cridarà el diari,
i qui puja als tramvies
i els baixa
tot corrent.

I el carter
que si passa i no em deixa cap lletra m’angoixa
perquè no sé el secret
de les altres que porta.

I també l’aeroplà
que em fa aixecar el cap
el mateix que em cridés una veu d’un terrat.

I les dones del barri
matineres
qui travesseen de pressa en direcció al mercat
amb sengles cistells grocs,
i retornen
que sobreïxen les cols,
i a vegades la carn,
i d’un altre cireres vermelles.

I després l’adroguer,
que treu la torradora del cafè
i comença a rodar la maneta,
i qui crida les noies
i els hi diu: -Ja ho té tot?
I les noies somriuen
amb un somriure clar,
que és el baume que surt de l’esfera que ell volta.

I tota la quitxalla del veïnat
qui mourà tanta fressa perquè serà dijous
i no anirà a l’escola.

I els cavalls assenyats
i els carreters dormits
sota la vela en punxa
quje dansa en el seguit de les roderes.

I el vi que de tants dies no he begut.

I el pa,
posat a taula.
I l’escudella rossa,
fumejant.

I vosaltres amics,
perquè em vindreu a veure
i ens mirarem feliços.

Tot això bé m’espera
si m’aixeco
demà.
Si no em puc aixecar
mai més,
heus aquí el que m’espera:

Vosaltres restareu,
per veure el bo que és tot:
i la Vida
i la Mort.


13.3.20

Antonio Muñoz Molina "En una casa de John Ashbery"

Leí por primera vez a John Ashbery una noche que me encontraba en una gran casa de invitados en la que yo era el único huésped, en un claro en un bosque, en Bard College, al norte del Estado de Nueva York. Durante horas había rugido una tormenta. Poco a poco el viento se calmó y cesó la lluvia, y dejó de oírse el fragor de los árboles, altas coníferas oscuras. El cielo estaba despejado y tan reluciente de constelaciones como los cielos de las noches limpias de invierno de la niñez. Inquieto en la habitación, sin poder dormirme, sin una lectura que me apaciguara, era consciente de la amplitud desierta de la casa donde me encontraba. Era una de esas veces en las que uno llega a un sitio y tiene una profunda sensación de intensidad espacial, una conciencia muy aguda de las posibilidades contenidas en ese lugar, una punzada en la imaginación. Puede que no suceda nada memorable, pero está muy claro que podría suceder. Lugares así aparecen luego obstinadamente en los sueños y en las novelas.

15.2.20

T.S.Eliot " Poesías reunidas 1909/1962" (1963)

La canción de amor de J. Alfred Prufrock
Publicado por primera vez en 1915 en gran medida gracias al elogio de Ezra Pound, pero escrito según el cuaderno de notas del propio Eliot entre 1910 y 1911 ―es decir con solo 22 años de edad― The Lovesong of J. Alfred Prufrock es uno de los textos fundacionales de la poesía anglófona moderna. Los versos del epígrafe, retomados de Dante, hacen referencia al canto XXVII del Infierno, y siguen el discurso de Guido de Montefeltro aludiendo a la imposibilidad del retorno de la sombra. Quizás esto extiende la dedicatoria a Jean Jules Verdenal, quien fuera íntimo amigo de Eliot, estudiante de la Sorbona, y médico muerto en Los Dardanelos hacia 1915 al atender a un soldado herido. Dejando a un lado el contexto y los posibles lectores específicos pretendidos por Eliot, hoy desde lo que comúnmente denomina la traductología como una traducción integral, ensayamos una aproximación para el lector hispanohablante.